Exposición del Vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, en la Universidad de Nueva York

Jueves 30 de abril de 2015

Jorge Cartañeda: Bienvenido, el vicepresidente, Álvaro García Linera, aquí a la universidad. Este evento se inscribe en el proceso y la larga lista de eventos que, desde 2003, hemos tenido y hemos llamado “Voces de América Latina”, donde han antecedido al vicepresidente, o bien presidentes en funciones como Leonel Fernández, o bien, expresidentes latinoamericanos como Fernando Enrique Cardozo, Ricardo Lagos y Ernesto Sevillo o personas que han tenido una trayectoria importante en América Latina, como Mario Vargas Lloza, Carlos Fuentes, Carlos Slim y muchos más.
Es una serie que siga y espero que el año que entra podamos tener, también, invitados de la importancia del vicepresidente.
Tenemos muchas cosas en común, pero una, en particular, el vicepresidente es graduado de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudió matemáticas, en una época interesante en México, a principios de los años 80 y, creo, que eso contribuyó mucho a su formación ideológica posterior, porque era la época en la que todavía había mucha gente en México, no necesariamente en la facultad de ciencias, pero sí en la universidad y en el país, procedente de América del Sur: chilenos, argentinos, uruguayos y brasileños, seguramente, usted conoció a muchos de ellos, vicepresidente, y también había una presencia importante de las insurgencias centroamericanas, en particular, guatemalteca, que hizo de la bandera indígena una de sus causas más importantes.
Con ese pasado, regresa el vicepresidente, en ese entonces profesor, el matemático, a su país; emprende una serie de iniciativas políticas que las pueden consultar en la página del gobierno de Bolivia o de la Vicepresidencia.
A partir de 2004, suma sus esfuerzos al entonces candidato, Evo Morales, y durante estos diez años, en el gobierno del Presidente Morales. En este tiempo ha tenido una participación muy distinguida apoyando el proceso que encabeza Evo Morales.
Álvaro García Linera: Muy buenos días a todos ustedes. Agradezco con respeto y cariño a cada una de las personas, estudiantes y profesores, que se han hecho presentes en este auditorio. Agradezco la invitación del centro, de la profesora y las palabras de Jorge Castañeda. He leído y he seguido de cerca la producción intelectual y académica del profesor Castañeda y para mí es un honor estar frente a usted.
A su modo, él ha formado una generación y, aunque vivamos lejos, he leído varias cosas producto de su reflexión que nos han ayudado, también, a hacer nuestras críticas y autocríticas internas, especialmente el libro Utopía desarmada, de los años 90, y La vida en rojo, sobre el Che Guevara.
Voy a intentar aprovechar este tiempo para exponer algunas ideas fuerza de lo que está pasando hoy en Bolivia, sé que la formación académica de ustedes, o de la mayoría, es en Ciencias políticas; la mayor parte de mi intervención va a hacer referencia a un conjunto de categorías para entender el Estado Plurinacional, en particular, y el Estado, en general.
Aunque al principio voy a usar algunos elementos económicos y sociales con algunas cifras, mi objetivo va a ser apuntalar un conjunto de categorías, de conceptos, para entender la realidad boliviana.
Comenzaremos hablando, en principio, de Bolivia. Algunos son especialistas en América Latina, pero de Bolivia han debido oír hablar en muy pocas oportunidades. Quizás la referencia que uno puede tener de Bolivia es que es el lugar donde murió el Che Guevara y, luego, se conoce muy poco de mi país, especialmente, la gente que no tiene especialidad académica.
Bolivia, también, ha sido conocida, en los últimos 50 años, como un país muy inestable, políticamente, un país de golpes de Estado, 24 golpes de Estado militares; políticamente inestable, hasta hace poco. Entre los años 2000 y 2005, Bolivia tuvo cinco presidentes, uno por año, aún en plena etapa democrática, pero también, Bolivia, en el sentido común, era conocida como un país muy pobre, después de Haití, el país más pobre de América Latina.
O quienes han estudiado economía, conocerán a Bolivia por la elevada inflación o la hiperinflación, no alcanzamos la inflación de la República de Weimar que llegó a 27.000 %, pero la inflación en Bolivia, en los años 80, llegó hasta un 8.000 %.
Cuando uno recibía su salario era en sacos o bolsas de dinero que no valía nada, porque al día siguiente todo subía. Era una situación económica muy frágil y políticamente, muy inestable. Esta es la Bolivia anteriormente conocida.
Yo quiero hablarles de otra Bolivia, no la Bolivia de la hiperinflación ni de la inestabilidad política, ni de la Bolivia de los golpes de Estado; quiero hablarles de una Bolivia contemporánea, del llamado Estado Plurinacional de Bolivia.
Es una Bolivia que tiene cosas muy importantes que mostrar al mundo. En los últimos siete años hemos reducido de manera abrupta la pobreza en nuestro país. Seguimos siendo un país pobre, no tenemos los ingresos de la sociedad media latinoamericana, pero ya no somos los más pobres de América Latina.
Y, la extrema pobreza se ha reducido, también, abruptamente; en Bolivia, hace siete años, de cada diez habitantes, cuatro eran extremadamente pobres, es decir que tenían un ingreso de menos a un dólar por mes.
La extrema pobreza está aún presente en Bolivia, pero la hemos reducido del 30 % al 18 % y el objetivo es que al acabar esta década poder llegar mucho más abajo, una sola cifra, menos del 7 % o del 5 % de extrema pobreza.
El 20 % de los bolivianos ha pasado a la clase media, en los últimos ocho años; somos diez millones de personas, menos que toda la población de Nueva York, pero el 20 % de los pobres han pasado a la clase media.
En términos de reducción de las desigualdades, tenemos que la diferencia de la tenencia de la riqueza entre el 10 % más rico y el 10 % más pobre, antes de que llegásemos al gobierno, era de 128 veces, esta era una diferencia solamente superada en Brasil, demasiada riqueza concentrada en pocas manos, un segmento particular de la población.
Esa diferencia de 1 a 128, en los últimos años, se ha reducido de 1 a 46. Hemos reducido, notablemente, esas desigualdades. El objetivo es estabilizarnos en una diferencia de 1 a 20, esto es algo manejable social y políticamente.
Otro elemento de lo que ha pasado en los últimos años, en términos sociales, es cómo ha quedado la estructura de la tenencia de la tierra en Bolivia. Esta tenencia de la tierra, hasta los años 2000-2004, era de la siguiente manera, 39 millones de hectáreas estaban en manos de terratenientes; 17 millones de hectáreas estaban en manos de campesinos y de comunidades, que constituían la mayor parte de la población.
Ahora, tenemos otra estructura de la tenencia de la tierra, el sector empresarial que tenía 37 millones de hectáreas, actualmente tiene cinco millones de hectáreas; las comunidades indígenas y campesinas tienen 22 millones de hectáreas y campesinos, pequeños propietarios poseen 17 millones de hectáreas. De una elevada concentración de la tierra en pocas manos se ha llegado a una distribución razonable y democrática de la tierra.
Una buena parte de las mismas se encuentran en manos del Estado, son tierras fiscales, bosques y aún se tiene un conjunto de hectáreas para ser distribuidas entre las comunidades campesinas.
En primer lugar, quienes tienen más tierras, en Bolivia, son las comunidades indígenas campesinas de tierras bajas y tierras altas, 22 millones de hectáreas; en segundo lugar, los campesinos parcelarios y, en tercer lugar, el sector empresarial.
Bolivia, en los últimos años, ha vivido lo que hemos denominado un “milagro” económico, el volumen de la economía boliviana, muy pequeña, ha pasado, en los últimos ocho años, de 9.000 millones de dólares a 32 mil millones de dólares. En ocho años el Producto Interno Bruto (PIB) del país se ha multiplicado tres veces, no hay un ejemplo en América Latina de un crecimiento igual.
Sigue siendo una economía pequeña, pero ha alcanzado un ritmo de crecimiento sorprendente y si mantenemos este ritmo, nuestro cálculo es llegar al año 2020 con una economía de cien mil millones de dólares.
Les doy un dato, la diferencia que teníamos con Chile, una economía más próspera, el año 2005 era de 1 a 14 veces; es decir que Chile tenía un PIB 14 veces más grande que el PIB boliviano. Hoy, Chile sigue teniendo un mayor PIB, pero ya no 14 veces, sino ocho; crecemos más rápido que ellos. Ellos son más grandes, pero nosotros crecemos más rápido.
Si mantenemos este ritmo, el año 2020 la diferencia tiene que ser de 1 a 4, y para 2025 la diferencia deberá ser de 1 a 2.
En Bolivia, tenemos una tasa de crecimiento de 5, 5.2 %, cada año crece, este año vamos a acabar, pese a la crisis, en 5.6 % de crecimiento de la economía. Es la tasa de crecimiento más elevada de América Latina después de Panamá, que crece un 6.5 %, Bolivia es la segunda.
Si tuviéramos mar, el crecimiento sería de dos puntos más. Somos un país al que se le ha arrebatado, temporalmente, el mar lo que limita los procesos de crecimiento, se calcula que en un 2 % del PIB. Con mar, nuestra economía estaría bordeando los 7 o 7.5 %, que ya son tasas de crecimiento asiáticas. El promedio de crecimiento de China es del 8 o 9 %, al igual que de India y Singapur.
Existe un dato revelador respecto a la calidad de la economía que estamos construyendo, es el déficit fiscal y superávit. Déficit es cuando el Estado gasta más dinero del que tiene, entiendo que aquí también hay un elevado déficit, pero hay otras variables macroeconómicas que potencian la economía.
En la historia de Bolivia, que se remonta hasta 1940, se tuvo déficit fiscal, en todo el siglo XX y en los últimos cien años, los años únicos con superávit empiezan en 2005, con el Presidente Evo. Decía el presidente Mujica, una cosa muy bonita, “cómo habrá sufrido este indio, que ahorra mucho y no gasta más de lo que tiene”; hay algo de verdad en eso, de la manera en cómo el Presidente Evo trabaja el tema de la economía.
Otro dato es el de las reservas internacionales, estas representan el conjunto de dinero que tiene la economía fruto de sus exportaciones y que guarda en dólares en distintos bancos, en el Banco Central o en los bancos de otras partes del mundo.
Las reservas internacionales desde el año 1976 casi no existían, no llegaban ni a los 500 millones de dólares; pero a partir de 2006 se disparan hacia arriba. Hoy, Bolivia tiene 15 mil millones de dólares de reservas internacionales, es, aproximadamente, en proporción a su PIB, la mitad. De hecho nos supera, en torno al PIB, China o Japón, pero en América Lanita, ningún país.
En América Latina tenemos, en relación al PIB, las mayores reservas, no en dinero, sino en proporción a la economía; lo que nos permite tener una especie de musculatura económica para resistir estos bajones y subidas que tiene la economía mundial.
Se preguntarán, ¿cómo andamos con las deudas? El porcentaje de la deuda externa respecto al tamaño de la economía, hemos pasado de un porcentaje de 70, 50 al 18 %; es decir, somos un país débilmente endeudado. Tenemos deuda, pero es moderada, en proporción a la economía, no llega ni al 18 % del tamaño de la economía.
En cuanto al ahorro, fundamentalmente se refiere al dinero que ahorra el pequeño ahorrista, las cajas de ahorro de 1.000, 1.500 o 2.000 dólares. Hemos pasado, en los bancos, de 3.600 millones de dólares de la gente a 16 mil millones de dólares, esto habla de una economía sana y de gente de sectores populares, de estudiantes que pueden tener un pequeño ahorro bancario para emprender sus estudios o arrancar para la obtención de algún crédito para la vivienda o para una empresa.
Otro factor importante es el papel del Estado en la economía. La inversión del Estado era de 600 millones de dólares en 2005, actualmente es de 6.000 millones de dólares este 2014. En ocho años, la inversión del Estado en carreteras, empresas públicas, en producción de petróleo, en investigación y otras, se ha multiplicado por diez.
El Estado, hoy, controla, aproximadamente, el 40 % de la economía del país, es decir, que de cada cien dólares que se generan en Bolivia, 40 los genera el Estado, y creemos que ese es un buen nivel, este es un tope en cuanto a presencia del Estado.
En cuanto al dato de exportaciones, hemos pasado de una economía que exportaba 2.800 a una economía que exporta 12.000 millones de dólares, se decía que Evo Morales iba a aislar a Bolivia del mundo, que iban a reducirse los vínculos con el mundo, al contrario, hemos aumentado los mercados y nuestras exportaciones se han multiplicado cinco veces, en un lapso de ocho años.
Pueden decir, está bien, tienen buenas reservas internacionales, tienen una economía buena, tienen más exportaciones, pero esto es por los precios internacionales, porque el precio del petróleo ha subido enormemente. Pero, nosotros hemos calculado los ingresos por gas para Bolivia, solo tomando en cuenta los precios internacionales.
Si solamente fuera por precios internacionales aún serían bajos, en cambio lo real es que se tiene más dinero como fruto de la nacionalización. En Bolivia, hemos tomado la decisión de nacionalizar la producción del gas y del petróleo, asumir el control de la propiedad del gas desde cuando está bajo la tierra, cuando está en tierra, en los ductos, en el procesamiento; definimos mercado, definimos precios, aunque permitimos que vayan al país empresas extranjeras, pueden ir a hacer un servicio, perfora, si encuentra gas, le pagamos por ese gas, pero el gas es nuestro.
Ya sea que lo reinvirtamos, lo exportemos, lo procesemos, lo utilicemos eso lo definimos nosotros. Y como fruto de la nacionalización, los ingresos por el gas llegan a 4.600 millones de dólares en 2013 y este año van a llegar a 6.000 millones de dólares y si solo fuera por precios, el ingreso del Estado sería de 2.000 millones de dólares.
La diferencia entre precio e ingreso real es una decisión política, y esta es la de haber nacionalizado el gas.
Tenemos un esquema económico que lo hemos denominado el goverment take petrolero, del 85 al 90 %; el goverment take banquero, del 50 % y el goverment take minero, del 55 al 65 %. ¿Qué significa esto? Si un banco gana mil millones de dólares, 500 millones van para el Estado y 500 se quedan con el privado; este año la banca va a ganar como 250 millones de dólares, vía impuestos, la mitad se queda para el Estado y la otra mitad se queda en la actividad privada de los banqueros.
En el caso del petróleo y el gas es mucho más elevado, de la ganancia total del gas el 15 o 10 % se queda con el inversionista extranjero y del 85 al 90 % pasa a manos del Estado; en la minería es más bajo porque los costos de producción son más elevados y las ganancias son más reducidas, nuestro goverment take varía entre el 55 y 65 %, dependiendo si es oro, plata, estaño, wólfram o plomo.
¿Cómo le va al sector privado en utilidades? El sector privado no se ha estancado, hay un espacio para la actividad privada muy amplio, ha pasado de 900 millones de dólares a 4.400 millones de dólares, no gana como el Estado, pero ese es el conjunto de ingresos que se han visto mejorados en casi cuatro veces, en los últimos años.
¿Cómo andamos en inversión extranjera? Cuando, en Bolivia, se privatizaron las empresas de agua, energía eléctrica, ferrocarriles y las líneas aéreas, en tiempos neoliberales, la inversión extranjera llegó a mil millones de dólares en un año.
Nosotros no hemos privatizado nada, solo hemos expandido la economía y, con el nuevo modelo de la nacionalización y de contratación de servicios de empresas extranjeras, la inversión extranjera se ha incrementado.
Inicialmente, fue lenta, había desconfianza y luego la inversión extranjera ha superado la a la que hubo en tiempos neoliberales, y puede crecer mucho más. Somos un régimen que se enfrenta a la inversión extranjera cuando esta es abusiva, cuando pasa de un límite, pero que regula y permite el acceso de inversión extranjera bajo ciertas condiciones en distintas áreas de la economía del país.
Este “milagro” boliviano ha permitido también el crecimiento de esta inversión extranjera, fundamentalmente, en áreas de servicios, como en el área petrolera y parte de la agricultura de exportación.
¿Cómo andamos con el uso del dinero del Estado, en cuanto a la relación de gasto de dinero en Fuerzas Armadas y la policía, y en salud y educación? Durante el régimen neoliberal en Bolivia iban casi en paralelo.
Cuando nosotros entramos al gobierno, sigue habiendo gastos en las Fuerzas Armadas y la policía, se mejoraron salarios y demás, pero el gasto en salud y educación se ha incrementado, es cinco veces más, antes era una vez más, es decir, la relación entre educación y defensa era de 1 a 2, uno para defensa y dos para educación.
Ahora es uno para defensa y cinco para educación, somos un país que está haciendo mucho esfuerzo para mejorar y potenciar la parte social, educativa. En el último informe del Banco Mundial que salió hace un mes, se colocó a Bolivia como el segundo país que invierte en educación, después de Cuba, en el contexto de América Latina.
Nos falta mucho por hacer, pero habla de las prioridades en las que estamos entrando, de los gastos en los que decide el Estado desde la recuperación del gas y la electricidad.
Se preguntarán, este es el esquema de resultados sociales y económicos, es una economía sostenible, ha mejorado, ha reducido la pobreza, hay crecimiento económico, muy bien, pero ¿cómo han llegado a eso, qué ha permitido llegar a una economía de esta calidad?
Hace diez años, el vicepresidente o el presidente de Bolivia estaban en Estados Unidos, tocando las puertas del Banco Mundial para pedir dinero en calidad de préstamo para pagar salarios; hoy, yo vengo, no he tocado la puerta de ningún banco, es más, iré al supermercado y no al banco porque no necesito venir a pedir dinero para salarios de mi país. La economía tiene un sistema de autosustentación.
¿Cómo hemos llegado a eso? Hubo un cambio político sustancial, hemos pasado de un tipo de Estado y de un tipo de estructura política, estructura de ideas, de fuerzas, de clases sociales a otro tipo de estructura.
Brevemente, resumo qué es lo que caracterizaba el campo político, llamado neoliberal, por simplismo, pueden ponerle otro nombre, el nombre que quieran, yo le llamo campo político neoliberal.
Tenía cinco características, la primera, una estructura de partidos conservadores, de derechas. La izquierda, en Bolivia, fue derrotada en los años 80, accedió al gobierno durante dos años, manejó mal la economía, no tenía mayoría parlamentaria, hubo un desborde de los sindicatos y la izquierda en el gobierno fracasó. Entonces, vino una oleada conservadora, Reagan, en Estados Unidos; Tatcher, en Inglaterra, y en Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, era una oleada de reconstitución de antiguos privilegios.
Para entonces, el sistema político estaba constituido por varios partidos, ocho o nueve, tres mayoritarios, pero podían llegar hasta 15 partidos, sin lugar a duda, todos conservadores, la izquierda desapareció del mapa, era una izquierda testimonial.
Ningún partido lograba alcanzar más del 30 % de los votos y para tener mayoría parlamentaria se debe tener el 50 % de los votos, porque las leyes se aprueban con mayoría. Para lograr una estabilidad parlamentaria lo que hacían eran pactos o alianzas, se unían dos o tres partidos, formaban una alianza, así se lograba una estabilidad congresal, gobernabilidad parlamentaria y estabilidad política.
Una tercera característica del campo político neoliberal es la fragmentación del movimiento obrero. Bolivia también fue conocida por su fuerte sindicalismo obrero, de hecho, es uno de los pocos países donde existe una sola central obrera unificada, la Central Obrera Boliviana (COB).
En estos años, se asistió a una restructuración productiva: desaparecen los grandes centros industriales, desaparecen las grandes minas, desaparece esta estructura sindical con conocimientos que se heredan de generación en generación y se va a fragmentar en pequeños centros, producción en red, contrataciones, subcontrataciones, trabajo eventual, como ha sucedido en todas partes del mundo.
No es que hay menos obreros, hoy hay más obreros que antes, pero ya no existen obreros en las grandes ciudades, como aquí, Detroit que era una gran ciudadela con una cultura obrera, eso desaparece y surge la actividad laboral fragmentada, desindicalizada, eventual, temporal, mucho joven, mucha mujer y eso desorganiza el antiguo tejido sindical.
Eso también pasó en Bolivia, teníamos un movimiento sindical fragmentado, debilitado y desorganizado.
La cuarta característica del campo político son estas fuerzas, estos poderes fácticos, pero que tienen capacidad de decisión, le llamamos y usamos la categoría de ciencistas políticos, bloque de poder decisional.
¿Quiénes formaban ese bloque de poder decisional? Los organizamos internacionales: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros. ¿Por qué ellos? Porque prestaban dinero al país, como Bolivia no tenía los suficientes recursos, tenía que tocar la puerta a estos organismos internacionales para construir una carretera, para construir una escuela y ellos asumían una especie de dirección y control político en las decisiones.
Una segunda fuerza de intervención de decisión política en Bolivia era la inversión extranjera. El año 2003, 2004, el 40 % de la economía boliviana era controlada por un país extranjero, cercano a nosotros, un vecino.
Si el petróleo, el gas y la agricultura fundamental están en manos de empresas de un país, ese país tiene mucho poder, por encima del parlamento, incluso, por encima del presidente para tomar decisiones.
Un tercer actor político, en Bolivia, fue la embajada norteamericana, no estoy hablando del pueblo norteamericano, que a Bolivia ni deben conocerla, estoy hablando de la embajada, de una estructura política que tomaba decisiones y que tenía un papel muy importante en Bolivia. Hasta hace ocho años ser político, poder tener condiciones para ser candidato para el parlamento o para una alcaldía o ser ministro dependía del aval de la embajada norteamericana. Y ¿cómo se verificaba este aval? Quienes asistían a la invitación del Día de la Independencia de Estado Unidos, en julio.
Era sorprendente, todos los canales de televisión estaban atentos para ver quiénes hacían fila para ir a la fiesta del Día de la Independencia de Estados Unidos, porque quienes podían entrar, quieres era invitados, eran los que tenían legitimidad política; podían ser candidatos, podían ser ministros o diputados, o podían ser generales de las Fuerzas Armadas o de la policía.
Había una fuerte presencia de la embajada en el papel del Estado, en la regulación de decisiones políticas de nuestro país. Tanto así, que el embajador Rocha prohibió a los bolivianos que votaran por Evo Morales, dijo: “Evo Morales es Osama bin Laden y los campesinos son los talibanes”, ese era el lenguaje que utilizaban. Hoy ya no lo dicen, evidentemente, ahora son silenciosos, ahora cambiaron las cosas, tuvimos que expulsar al embajador norteamericano, lamentablemente, para que las cosas cambiaran.
No olviden que, y esa es mi experiencia como vicepresidente, la política mitad es idea y mitad es materia, si algo he aprendido, en nueve años, más allá de los libros de Weber, de Elías, de Bourdieu, de Herder, de todos esos profesores que leen en ciencias políticas, es que en la política mitad es idea, mitad se juega en los símbolos, ideas conscientes y pres-conscientes, y la mitad es materia, es decir, burocracia, administración, ejercicio, coerción, fuerza e institución.
Algún día escribiré sobre eso, esa será mi teoría de Estado y se va a llamar: Lo más idealista del mundo es el Estado. Hegel tenía razón porque en el Estado, primero es idea que luego deviene en materia.
Una idea que se le ocurrió al presidente y al vicepresidente, y luego se pone en marcha: presupuestos, informes, administración, comisiones, inversión y demás; la idea deviene en materia.
Las ideas fuerza, las ideas que movilizaban a la gente en este periodo son estas tres ideas fundamentales: reducción del Estado, esta era una consigna en toda América Latina y parte del mundo, el Estado es ineficiente, el Estado no sabe gastar bien el dinero, entonces, hay que reducir el Estado, es la primera idea fuerza.
La segunda idea fuerza era: hay que privatizar los recursos porque el Estado no es eficiente, no invierte en tecnología, se lo gasta todo; entonces, hay que entregar el gas, el petróleo, el agua, la tierra, las telecomunicaciones y los ferrocarriles al sector privado porque este lo va a administrar con mayor eficiencia.
Estas son ideas que no solamente las manejaban los académicos, sino que también las manejaban los gobernantes, los medios de comunicación, los dirigentes sindicales y era una especie de sentido común predominante entre los jóvenes estudiantes, entre la población que aceptó que esas eran ideas obvias y necesarias.
La tercera es una idea fuerza más complicada que la he denominado el capital étnico que tiene que ver con la importancia, en sociedades coloniales, como la nuestra, de la etnicidad, del color de la piel, del apellido.
En Bolivia, por nuestra herencia colonial española, un color de piel más oscura o un apellido indígena valía, socialmente, menos; un color de piel más claro o un pelo más blondo jerarquizaba más.
En toda sociedad, las clases sociales se diferencian por su dinero y por su formación académica, es decir, el capital económico y el capital cultural y en las sociedades coloniales también cuenta el capital étnico, la blanqueza de la piel, a mayor blanquitud, más jerarquía; a más piel cobriza, más devaluado y los indígenas con piel cobriza ocupaban el último escalón de la sociedad.
Los más rubios, los más blancos pueden ser pobres, también, pero con mejores oportunidades para poder acceder a un crédito bancario o para tener el apoyo de un amigo para entrar a trabajar a una empresa, se exhibe el capital étnico. Esto es propio de sociedades coloniales, la etnicidad como capital, como bien acumulable, como bien deseable y como parte de la construcción de las clases sociales. Las clases sociales objetivamente se construyen por su dinero, por sus títulos y por la blanquitud de la piel, en el caso de Bolivia.
Este era un papel muy importante, indios, campesinos, obreros, sirvientes y clase media o alta, más rubia, más blanca como gobernante y con derecho a gobernar y a seguir gobernando hacia el futuro; esas eran las ideas fuerza, el sentido común predominante en todos estos años.
Eso se vino abajo, el año 2000, en Bolivia comenzó una crisis económica, una crisis política y una crisis cultural. Las ciencias políticas, con algunas excepciones, estudian los procesos de crisis, más están acostumbrados a estudiar los momentos de estabilidad y de reproducción de estabilidad.
Quiero introducir unas cinco categorías para quienes les interese estudiar los momentos de crisis, los momentos en los que el orden se desordena, en que el Estado se paraliza, en que lo que es rutina, lo que es común, lo que es la institución en su funcionamiento normal entra en crisis, este es el llamado momento revolucionario o de transición.
¿Qué características se dieron en Bolivia y esto puede ser aplicado a otros procesos revolucionarios?
El principio de organización: sobre una sociedad desorganizada, fragmentada, consolidación del poder fáctico y del poder institucional del parlamento comenzó a suceder que la sociedad civil comenzó a articularse. ¿Cuál fue el gatillador de la sociedad civil? El tema del agua. Se había privatizado el gas, la energía eléctrica, el transporte, las telecomunicaciones, pero el gobierno entró a una fase de querer privatizar la gestión del agua y, en Bolivia, el agua, especialmente en el campo tiene una dimensión particular. La gestión del agua es un procedimiento y una técnica muy antigua que se remonta a mil, dos mil años, entre las comunidades campesinas.
Es un sistema muy complejo de tiempos, de volúmenes, de lugares y de jerarquías internas, entonces, cuando el gobierno, apoyado en empresas extranjeras, quiso entrar a privatizar la gestión del agua, lo que gatilló eso fue que la sociedad, especialmente, campesina y peri urbana que se ve en la necesidad de articularse, se reagrupó. El sindicato campesino adquirió más fuerza, había que defender un patrimonio, los grupos barriales se articularon y, alrededor de eso, comenzaron a articularse sindicatos obreros y juventud. Y se creó la dimensión de una fuerza social con capacidad de control territorial y expansión territorial.
¿Qué es eso de control territorial y expansión territorial? Es eso de control territorial que podía llevar adelante actividades de bloqueo de vías, de caminos, de hacer marchas y movilizaciones que se expandían a otras regiones, ese fue el primer punto, lo llamamos el principio organizativo.
El segundo punto es el principio de esperanza, estoy copiando la frase del profesor Walter Benjamin, porque soy un convencido de que uno no pelea porque es pobre, solamente; uno puede ser muy pobre, con muchas necesidades, pero si no tiene una esperanza de poder cambiar su pobreza, no lucha, se resigan. ¿Cuándo el necesitado, el oprimido, el marginado se ve en peligro y decidido a pelear? Cuando existe la esperanza de que esa pelea va a servir para algo y eso es lo que sucedió en Bolivia, este principio de esperanza, este principio movilizador, es lo que yo llamo la victoria simbólica, y tiene algo de gramsciana esta mirada porque en Bolivia primero se venció en las ideas, en el debate público de lo que debería ser Bolivia, la Bolivia de la privatización o la Bolivia de la nacionalización; la Bolivia de los cabellos rubios o la Bolivia de indios.
Y, en ese debate, en los medios de comunicación, en las universidades, en los libros, en la charla sindical se fue, gradualmente, imponiendo una otra posible Bolivia, con indígenas, una Bolivia que recupere el control de una parte de sus recursos naturales.
Se dio, primero, la victoria ideológica, en las mentes y, luego, una victoria simbólica, después se dieron los otros pasos que son una victoria política y una victoria electoral.
El segundo punto es el principio esperanza, en términos gramscianos, la irradiación de un otro proyecto de sociedad.
El tercer punto es el concepto de empate catastrófico, catastrófico es equilibrio, es un concepto de Gramsci, del teórico marxista italiano que fue encarcelado en los años 20, es un concepto muy interesante porque habla de que existen dos proyectos de sociedad con capacidad de movilización, el dominante estatal y un proyecto emergente que se ha irradiado, que puede movilizar, pero que ni el dominante logra aplastar, ni este logra imponerse.
Entonces, entran en un equilibrio catastrófico porque la sociedad, medio que, se paraliza. Lenin usó como otro concepto: el poder dual, me gusta más el de Gramsci no tanto con el tema de fuerza como con el tema de ideas y de sentidos comunes que se están enfrentando. Eso se dio en Bolivia.
Principio organizativo en los años 2000, marchas, bloqueos y movilizaciones para que no se privatice el agua. El principio de esperanza entre 2000 y 2005, cuando surgen otras ideas, en los sindicatos, en los gremios, en los dirigentes, en las palabras del compañero Evo Morales, cuando era dirigente campesino, en las palabras de los líderes campesinos y obreros surge otro vocabulario, otras palabras que encuentran adhesión entre estudiantes, profesores, pobladores y amas de casa.
Empate catastrófico es cuando los dos proyectos, el estatal dominante y el emergente se enfrentan, pero ninguno gana, están en equilibrio, están en un empate, pero es catastrófico.
El cuarto punto es la conquista del gobierno, el Presidente Evo gana el gobierno en diciembre de 2005 y se vuelve gobierno, ganamos con el 54 %, pero, todavía, no se tiene la estructura de poder. Una cosa es el gobierno, otra cosa es el poder estatal; parte del poder estatal es el gobierno, pero no es todo el poder estatal, se ganan las elecciones, se da la victoria electoral, pero aún no se da una victoria política porque los sectores conservadores van a buscar reactivar su fuerza, controlan municipios, controlan gobernaciones y van a buscar recuperar el gobierno por vías electorales y por vías no electorales: golpe de Estado e intentos de asesinato.
Esta es una categoría que me la he robado de la física: el punto de bifurcación, es un concepto que lo usa el profesor Ilya Prigogine para estudiar un tipo de sistemas en equilibrio y cómo, a partir de un momento específico, se transforma y entramos a otro sistema.
El punto de bifurcación, para mí, es el momento en que los dos proyectos de sociedad, los proyectos de ideas, de instituciones se confrontan y alguien tiene que ganar. Ese momento del enfrentamiento ideológico, político, electoral, e incluso puede llegar al ámbito militar, es el punto de bifurcación.
Estas son las cinco categorías para entender el momento específico revolucionario de las sociedades de América Latina y el mundo que permiten ordenar los procesos. Esto pasó en Bolivia entre los años 2000 y 2008, es un proceso de ocho años de mucha tensión que gradualmente se va a resolver y se va a consolidar del lado de los sectores sociales.
Ahora hablaré de la parte más reciente, las características políticas del Estado Plurinacional. Entre los componentes básicos del Estado Plurinacional están, primero, la indianización de la estructura estatal. Bolivia está viviendo un gradual y complejo proceso de indianización de su sistema institucional, de su sistema de creencias y de su sistema de normas.
¿Qué es esto de la indianización de Bolivia? Bolivia es un país con mucha tradición indígena como lo es México, Guatemala o Perú, con la diferencia de que en Bolivia la población indígena, dependiendo del censo, se mueve entre la mayoría y la mitad. En el censo del año 1992 era el 62 %, en el censo de 2012 es el 47 %. La población indígena, en mi país, es fundamental, sino la mayoría, la mitad de la población en Bolivia es indígena, tanto en el campo como en la ciudad.
Pero los indígenas nunca han sido poder, nunca han sido gobierno, nunca habíamos tenido un presidente indígena, hasta el año 2005. Han tenido que pasar 185 años para que tengamos un presidente proveniente del sector mayoritario de la población indígena. Su victoria ha sido acompañada por un proceso de presencia, de incursión e inclusión de indígenas en toda la estructura del Estado: presidente indígena, canciller indígena, ministros indígenas y candidatos indígenas.
Antes de ayer hemos recibido nuestras credenciales del Órgano Electoral como electos y era sorprendente el escenario de los diputados y los senadores electos, había gente de traje y de corbata, señoras de vestido, señoritas blancas de cabello rubio o de cabello pintado y también había compañeras de pollera y con sus mantas, y hubo compañeros que se pusieron su traje más antiguo y compañeros con casco de obreros, con casco de minero o con su gorro de lana típico de su comunidad, era una pluralidad extraordinaria.
Tanto de los sectores del oficialismo como de la oposición, eso era imposible, poder alcanzar esa pluralidad cultural que se ha dado ahora. La Vicepresidencia ha hecho una encuesta en la administración pública, el 48 % de los funcionarios de la administración pública se autoidentifican con algún pueblo indígena.
El primer elemento de esta indianización del Estado es esta emergencia, esta incorporación, esta inclusión de personas, de hombres y mujeres, que anteriormente, por su condición de ser indígenas, no podían entrar a estructuras de decisión del Estado, ahora sí, con una fuerza y con un vigor extraordinario.
El segundo elemento de la indianización del Estado es que el Estado ha reconocido a 36 naciones indígenas, no solamente pueblos, sino naciones, 36 naciones portadoras de derechos colectivos. Anteriormente se reconocía la existencia de la diversidad cultural de Bolivia, pero no nación. Hoy son naciones con derechos colectivos sobre el uso de la tierra, sobre los procedimientos estatales y sobre la justicia.
El tercer elemento de esta indigenización del Estado es la introducción en la Constitución del Estado de una jurisdicción de un sistema legal llamado indígena-originario-campesino. Está el sistema legal ordinario con la Corte Suprema, las cortes regionales, las cortes en el ámbito municipal y está, paralelamente, el sistema indígena-originario y hay una ley para encontrar el deslinde de qué cosas se hace cargo el sistema ordinario: básicamente de derechos constitucionales individuales y universales; de qué se hace cargo la justicia indígena-originaria: de derechos comunitarios bajo un sistema de procedimientos tradicionales de usos y costumbres.
Esta es la distribución, está en la ley, está en los procedimientos, es decir, se tienen dos niveles de justicia, uno para los derechos individuales universales y, el otro, para los derechos colectivos; y una ley establece qué va a un lado y qué va al otro.
Es un sistema complicado que lo hemos construido, seguramente con problemas, pero que permite este reconocimiento constitucional de una lógica de proceder legal emergente de las naciones y pueblos indígena-originario-campesinos.
El cuarto componente de esta indianización del Estado es la diversidad de formas de elección. Está el sistema universal, como aquí en Estados Unidos o en Europa, elegir al presidente y vicepresidente, senadores y diputados por el voto individual, universal y directo.
Tenemos una amplia participación, en promedio en Bolivia, es de entre el 92 y 95 % de los votantes, mayores de 18 años, que participan y ejercen su derecho democrático, no puedo decir lo mismo de otros países de América que se mueven por el 50 % de la gente que vota.
Pero, también, existen otros mecanismos de selección para los parlamentos departamentales hay diputadas y diputados que no se eligen por voto secreto, sino que se los elige en Asamblea, la Federación Campesina, la confederación indígena se reúne en una asamblea y eligen a una persona y esa apersona es reconocida directamente por el Órgano Electoral. Es una forma distinta de elegir a un asambleísta o representantes de nivel intermedio.
En el parlamento plurinacional hay siete diputados especiales que son elegidos por voto directo, pero que corresponden, específicamente, a la representación de pequeñas naciones indígenas. En Bolivia hay naciones indígenas grandes: aymaras y quechuas, y hay pequeñas naciones, de cien mil personas, de 30 mil personas que difícilmente pueden acceder a una representación parlamentaria, entonces, para las naciones pequeñas existen siete circunscripciones especiales para que solamente de esa nación pequeña puedan ser elegidos al parlamento nacional.
Es una mezcla entre representación liberal y representación comunitaria, que se entrecruzan para elegir en el ámbito nacional, regional y municipal.
En el quinto punto está esta incorporación gradual del reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra. En Bolivia, la Madre Tierra ha sido reconocida por una ley con derechos, tenemos derechos las personas, los derechos individuales y universales, hay derechos colectivos de los pueblos indígenas y la naturaleza también tiene derechos, derechos a su reproducción, a su protección, a no afectar drásticamente su estructura interna de reproducción ecológica y demás, y la hemos incorporado en la legislación.
Luego, si hay debate podríamos ver cómo entra en contradicción derechos de Madre Tierra con producción o el llamado extractivismo, es una contradicción complicadísima, pero es una contradicción que la estamos procesando y regulando permanentemente.
Y, el último componente de esta indianización del Estado es la transformación de la propia identidad boliviana. La incorporación en sus procedimientos, como acá, la bandera de Estados Unidos, en la universidad; allá la bandera boliviana y la de los pueblos indígenas de Bolivia. En cada acto están los símbolos, la narrativa, la historia, los héroes, el lenguaje y la cultura de los diversos pueblos indígenas están siendo incorporados en la narrativa estatal y es la narrativa estatal la constructora de la identidad nacional.
¿Cómo se resuelve esto? Todos somos nación, todos somos bolivianos, esa es la nación estatal boliviana y dentro de la nación estatal boliviana están las naciones culturales, aymara, quechua, moxeña, guaraní, trinitaria, sirionó y otras. Nación estatal, todos; nación cultural, la mitad de los bolivianos.
La nación estatal nos cubre a todos y dentro de esta unos, que no somos indígenas, somos bolivianos y otros que son bolivianos y, a la vez, aymaras; bolivianos y, a la vez, quechuas; y demás. Esta es la manera de la construcción de una identidad compleja, una identidad nacional estatal y de una identidad nacional cultural de los pueblos indígenas, y la incorporación de los héroes, el lenguaje, la narrativa, los procedimientos y la cultura en la narrativa oficial del Estado en los textos de educación, en los símbolos estatales, en los héroes.
Hasta el año 2016, todos los servidores públicos, incluido el vicepresidente, tienen que hablar algún idioma indígena, y para las siguientes elecciones no podrán ser candidatos si no hablan el castellano, el idioma de todos, y, al menos, un idioma indígena.
Eso se está aprendiendo desde la escuela, en las universidades y en las instituciones del Estado, estos son los procesos de indianización de la identidad nacional, como primer componente de la estructura del Estado.
Una segunda característica del Estado Plurinacional es la distribución territorial del poder. Hemos creado el gobierno y el parlamento plurinacional, hay el gobierno departamental, que sería aquí como el gobernador, en Estados Unidos, y luego viene el municipio.
Tenemos tres niveles territoriales de poder: el general plurinacional, el regional y el municipal y cada uno de los niveles tiene facultad legislativa; presidente, vicepresidente, Asamblea Legislativa Plurinacional, gobernador y Asamblea Departamental con facultades legislativas, de hacer leyes. El municipio, el alcalde, con facultad para hacer leyes y la Constitución separa las competencias y facultades del gobierno nacional, departamental y del gobierno municipal.
También hay las autonomías indígenas, aquellos municipios donde los indígenas sean mayoría pueden convertirse en municipio autónomo, a municipio indígena autónomo mediante formas distintas de elegir a sus autoridades para que eso suceda tiene que haber pasado un referéndum, una adecuación constitucional de sus normas, con el Tribunal Constitucional y, probablemente, otro referéndum para la aprobación de ese documento. Pasadas esas tres pruebas un municipio normal pasa a ser un municipio indígena.
Existe un dato de la distribución de funciones y de recursos, se tiene la torta de dinero que se entregaba hace ocho años a las gobernaciones y a los municipios, 6.000 millones de bolivianos, hoy se distribuyen 26.000 millones, hemos multiplicado por cuatro, es decir, no es solamente una distribución de funciones y de tareas, sino es, también, una distribución de poder económico.
Quiero explicarles sobre mi teoría respecto al campo político contemporáneo. La primera característica del campo político boliviano, actual, es que se trata de un gobierno de movimientos sociales. La boliviana es la primera experiencia, en América Latina, donde las funciones decisionales radican en las estructuras sindicales, comunidades campesinas, indígenas, obreras y vecinales.
En las últimas elecciones, no solamente el movimiento campesino, con sus principales organizaciones: confederación sindical, intercultural, de las bartolinas y otras, sino, también, la Central Obrera Boliviana han pensado en un reencuentro y forman parte de la estructura fundamental de la toma de decisiones de nuestro país.
Mucho se ha hablado, en la literatura, sobre el caudillismo que vendría a ser una de las características del populismo, aunque nadie sabe bien qué es el populismo, pero todo el mundo lo usa, es como un chicle, da para todo el concepto de populismo, pero se habla de un presidente líder y con una relación directa con la base.
El Presidente Evo es un líder con mucho prestigio y es un líder carismático emergente, como lo estudió Weber, de un momento de crisis; Weber estudia el liderazgo carismático en la iglesia y en la política a partir de momentos de crisis.
El Presidente Evo emerge en un momento de crisis, esa pelea que expliqué en el periodo de transición, pero la relación del Presidente Evo con la sociedad no es directa, como la clásica de los caudillismos, está el Presidente Evo y están las organizaciones, las estructuras sindicales, las estructuras comunitarias y, luego, recién la base.
No es correcto aplicar el concepto de caudillismo para tratar de entender lo que pasa en Bolivia porque hay un sistema de mediación llamado sindicato, llamado movimientos sociales. Bolivia es, por definición, una sociedad muy bien organizada, en Bolivia si quieres ser alguien si no perteneces a una asociación, a un sindicato o a un gremio, si no tienes eso, no eres nada; lo era antes, lo es hoy y lo seguirá siendo, por muchas décadas. Esa estructura de mediación y representación sindical, gremial y comunitaria sigue ahí. Es más, tiene ahora mucho más poder, se llama Conalcam que es una coordinadora de organizaciones sociales que funciona en el ámbito nacional, departamental y regional.
Estos son los niveles máximos de toma de decisiones en el ámbito estructural, no desde los ministros, pero a nivel estructural, en cuanto a definición de políticas, en cuanto a leyes fundamentales, en cuanto a aprobación de candidaturas se estructuran a nivel de estos sistemas de representación urbanos y rurales, indígenas y obreros, populares y vecinales de representación territorial y funcional.
Me atrevo a decir que es la única experiencia de un gobierno de organizaciones sociales, un gobierno de movimientos sociales, y es complicado porque un gobierno Estado es monopolio, es la definición de Weber, de Marx, de Elías, de Bourdieu, de quien sea. Movimientos sociales es democratización de decisiones. Entonces, es una paradoja, pero es una bella paradoja real, que funciona con tensiones, con complicaciones: si democratizas mucho, te paralizas; y si centralizas demasiado, eres un gobierno cualquiera, y no te diferencias de los demás. La clave está en esa tensión, en este equilibrio: centralizar – democratizar. Esta es la experiencia viva en Bolivia a partir de este esquema de gobierno de movimientos sociales que podrían cumplir, a su modo, al modo andino amazónico, la reflexión del profesor Habermas sobre la acción comunicativa, a partir de estos espacios de democratización de toma de decisiones.
En el caso de Bolivia se dan, recogiendo una antigua experiencia, no inventando nada, sino empoderando lo que ya existía: sindicatos, gremios, comunidades, federaciones, confederaciones y demás.
La segunda característica del campo político boliviano es lo que hemos denominado la dualidad, una gobernanza dual. Está el parlamento, que hace las leyes, están los parlamentos departamentales y de los municipios, son electos, es decir que han entrado por voto popular, manejan dinero, asumen funciones, construyen carreteras, hacen escuelas, apoyan a la agricultura y demás.
Pero, paralelamente, hay otra institucionalidad real, la de los sindicatos, la de los gremios y en Bolivia, quien no tenga presencia en ambos, no tiene gobernabilidad. Antes, la gobernabilidad se lograba con la obtención de la mayoría en el parlamento, hoy tenemos mayoría, tenemos dos tercios en el parlamento, pero no es suficiente sino se tiene gobernabilidad con la Central Obrera Bolivia, con la Confederación Campesina, con los sindicatos agrarios, con las juntas de vecinos, con los transportistas y con los cooperativistas.
La estructura de poder en Bolivia se ha constituido a partir de esta dualidad institucional, puedes tener fuerza en lo social, pero si no tienes fuerza en el parlamento, no eres poder; si tienes fuerza en el parlamento y no tienes fuerza en lo social, eres gobernante, pero eres débil; si tienes fuerza en lo social, pero no tienes parlamento, eres fuerte socialmente, pero no eres gobierno; pero si tienes fuerza en el parlamento y fuerza en la sociedad, tienes mucha estabilidad política y legitimidad social.
Esta es la segunda característica, una dualidad institucional, que es, para mí, una forma ampliada de democracia que supera lo que he denominado las democracias fósiles. Para mí, una democracia es fósil si solamente reduce la participación de la sociedad, a que cada cuatro o cinco años elija al gobernante, eso es democracia, pero es fósil.
Hay democracia viva, democracia ampliada y hay democracia profundizada si la participación para elegir autoridades: presidente, vicepresidente y parlamentarios, es creciente, pasamos del 50 al 60, del 60 al 70, del 70 al 80 y del 80 al 90 % y si, a la vez, la sociedad, de alguna manera, en la calle, en el sindicato, en la televisión, por el celular participa en la toma de decisiones, su voz se oye; esa es una democracia viva, no es una democracia fósil.
Me atrevo a hablar de democracia profundizada en Bolivia, está la elección de autoridades vía voto universal y directo; está la participación cotidiana de las personas en sus temas, desde el presupuesto del Estado, desde las inversiones, relaciones internacionales, hasta la construcción de una calle o de un puente en su pueblo. Es participación vía voto y vía deliberación, esta es, para mí, la diferencia entre una democracia fósil, presente en muchos países desarrollados, y la democracia viva, ampliada y enriquecida que permite que la gente cotidianamente, semanalmente o mensualmente, continúe deliberando, continúe participando en la toma de decisiones de lo que va a pasar en el país, en su región, en su pueblo o en su comunidad.
La tercera característica es la democracia intercultural compleja, lo que les explicaba, hay democracia representativa liberal, un individuo, un voto; hay democracia directa, el referéndum que está constitucionalizado; hay democracia comunitaria, tema de decisiones a nivel local, elecciones de autoridades a nivel local y a nivel intermedio, participación de sindicatos en el ámbito gubernamental con el presidente, es una democracia intercultural complejizada y ampliada.
La cuarta característica del campo político contemporáneo en Bolivia es lo que hemos denominado horizonte de época. Siguiendo al profesor Durkheim, él habla de algo que caracteriza al Estado que es la adhesión lógica y la adhesión moral de la sociedad; si algo hace el Estado, en cualquier parte del mundo, sea en Estados Unidos, en Bolivia o Francia, es el proceso de adhesión lógica de los procedimientos de cómo se mueve el mundo y la adhesión moral, de los principios de cómo se explica el mundo, de cómo el mundo debe ser. Estamos hablando del plano simbólico, del plano del sentido común.
En Bolivia, en los últimos años, se ha construido un conjunto de ideas fuerza predominantes. ¿Cuáles son esas ideas fuerza? Gobierno indígena, gobierno de movimientos sociales, nacionalización de los recursos naturales, distribución territorial del poder, economía plural son ideas fuerza que han sido interiorizadas por la población, que forman parte del sentido común.
Hoy en día, hablar en Bolivia de privatización es como un regreso al parte jurásico, no tiene sentido hablar de eso, hay que hablar mejor de cómo se administra de manera superior la nacionalización, cómo se logra articular Estado con inversión extranjera y demás, pero a partir de esta lógica.
Ha habido elecciones, recientemente, en Bolivia, y hubo cinco fuerzas, todas, incluso la más conservadora de derecha, tenían el mismo leguaje, ninguna planteó la privatización de los recursos naturales o ninguna dijo hay que sacar a los indios del poder, por el contrario, estas ideas fuerza aún son manejadas por las fuerzas más de izquierda o por las fuerzas más de derecha, es más, la diferencia entre izquierda y derecha en Bolivia no es porque hay dos proyectos de sociedad, sino porque unos dicen: “yo voy a hacer lo mismo que Evo, pero lo voy a hacer mejor. Yo voy a hacer los mismo que el Presidente Evo, pero como soy profesional lo voy a mejorar y duplicar”. No hay una diferencia de fondo, al menos, en el discurso, lo que hay es una diferencia de mejor o peor administración.
Entonces, en la estructura cognitiva, porque lo que hablaba Durkheim era sobre esquemas del conocimiento del mundo, esquemas no reflexionados del mundo, ese es el sentido común, hay tres pilares: plurinacionalidad, pueblos indígenas con los mismos derechos; autonomías, distribución del poder y economía plural, este es un trípode comitivo que está presente en la academia, en las tesis de los universitarios, en el debate sindical, en los medios de comunicación, en los políticos y está presente en la oposición. Es un esquema de conocimiento y de acción en el mundo prereflexivo, eso es sentido común.
Tal es la fuerza del Estado Plurinacional que lo hemos denominado un horizonte de época, no decimos que es infinito, porque nada hay infinito, es un horizonte de época que marca todo un periodo largo, ya estamos nueve años en el gobierno, vienen otros cinco más; pero esta lógica de país, en términos mentales e ideológicos, académicos y cognitivos, se puede prolongar un tiempo más.
Tarde o temprano va a surgir un otro proyecto contestatario, así es la vida, tiene que surgir, pero está claro que, al menos, esta década 2015-2020, estos componentes del Estado Plurinacional forman parte del horizonte de época que organiza la actividad política de todos los bolivianos.
El último componente del Estado político es la unipolaridad. Cuando expuse esto, usé el ejemplo de una hoja blanca, donde se tienen dos puntos separados, entonces, ¿cuál es el medio de estos puntos? Es decir, el principio euclidiano de dos dimensiones. La línea más corta entre dos puntos es la recta, y la mitad de la recta es el centro; pero qué pasa del espacio euclidiano al espacio de Riemann, al que usa Einstein para estudiar el espacio tiempo, tiene cuatro dimensiones, el bolígrafo hunde el espacio tiempo.
En política no nos sirve mucho el espacio euclidiano, es muy primitivo, para la ciencia política es más útil el riemaniano, ese que se curva, eso permite estudiar el efecto de este horizonte de época, del MAS, del Estado que ha curveado el espacio tiempo, ha hecho una fuerza discursiva que ha curveado el espacio tiempo y que los otros proyectos solamente se mueven como satélites alrededor.
Hoy, en Bolivia, por el momento, temporalmente, no hay otro proyecto de sociedad, de economía y de Estado, no es bueno eso, pero es así, más pronto que tarde, de aquí a cinco o diez años, surgirá otro proyecto de sociedad que equilibrará el espacio tiempo, pero cuando desaparece el campo opositor, este curva el espacio tiempo, se vuelve como una especie de aguajero negro que absorbe todo y los otros partidos giran alrededor como satélites.
Esta es la idea de espacio unipolar. Por lo general, en las sociedades hay bipartidismo, bipolaridad, hoy en Bolivia hay unipolaridad. Me dirán, hay cuatro partidos políticos. Sí, los hay, tienen presencia parlamentaria, pero discursivamente y conceptualmente, hay un único polo, y el resto de los partidos giran alrededor, un poco más a la izquierda, un poco más a la derecha, pero no son portadores de un otro proyecto de sociedad.
Por un buen tiempo, yo calculo unos siete años, Bolivia va a tener esta característica de que va a ser un espacio de izquierdas unipolar.
Entonces, si en el ejemplo teníamos izquierda, derecha y centro, si desaparece la derecha, la izquierda se vuelve el centro, por eso tenemos un campo de izquierdas unipolar, temporalmente. El desarrollo de la democracia va a dar lugar a que surja un otro polo, eso será con el tiempo, pero por el momento son las izquierdas que han logrado una hegemonía discursiva y de irradiación.
Hoy tenemos, en Bolivia, un gobierno de izquierda, tenemos un gobierno de movimientos sociales liderado por indígenas que han construido criterios de igualdad y, lo más interesante, lo más bonito, es que en Bolivia existen unas izquierdas, económicamente, exitosas, es un gobierno de izquierda que está manejando muy bien la economía. Por lo general, las izquierdas entrabamos al gobierno y los hacíamos mal, pero ahora hemos entrado al gobierno y lo estamos haciendo bien.
Les he mostrado, con las gráficas económicas, que se puede ser muy radical y tener posturas muy radicales, indios en el poder, descolonización, actitudes antimperialistas, amplia democratización, es posible con una economía sana, sólida, con una economía en crecimiento y con amplia distribución. Este es uno de los pocos ejemplos de una izquierda políticamente hegemónica y económicamente exitosa en su plan de gobierno, eso es lo que está pasando en Bolivia.
Me gustaría mucho que estas experiencias bolivianas puedan ser conocidas, debatidas y puedan ser imitadas en otras partes del mundo.
Muchas gracias.