DISCURSO VICEPRESIDENTE ÁLVARO GARCÍA LINERA, 6 DE AGOSTO DE 2015

Sábado 28 de febrero de 2015

El día de hoy, la Asamblea Legislativa Plurinacional sesiona en la ciudad de Trinidad, centro de la Amazonía boliviana y lugar donde floreció, tiempo atrás, la gran civilización moxeña trinitaria.
Acá, hace más de mil años atrás, nuestros ancestros, sin palas mecánicas, sin retroexcavadoras, sin volquetas, solo con la fuerza productiva de la comunidad, construyeron el sistema de lagunas artificiales y de camellones más grande y maravilloso del mundo.
Desde lo que hoy es Yapacaní hasta Riberalta, los moxeños construyeron más de 600 lagunas rectangulares, algunas de las cuales miden hasta cinco kilómetros de largo y dos de ancho y que junto con canales y camellones agrícolas dieron lugar a un extraordinario manejo productivo de los desbordes de los ríos amazónicos que ni aún hoy se puede igualar.
Fue Moxos la frontera que resistió la invasión colonial española y fue mojos, con el resto del Antisuyo, donde se refugiaron los herederos del Inca, dando lugar a la leyenda del gran Paitití, tierra de oro y de bienestar, escondida a los invasores extranjeros.
Pero, Moxos ha sido, también, la cuna de los debates de la construcción de una sociedad plurinacional poscolonial. Si bien es el memorial de los mallkus, de Charcas y Cara Cara de 1582, la primera gran propuesta de la preservación del sistema de propiedad y autoridad indígena, a nivel local, aceptando el mando general español que sustituía el mando inca en lo que podíamos denominar la primera propuesta de plurinacionalidad subordinada.
Fue a raíz de los viajes a Moxos, y pensando en Moxos, que en 1618, jesuitas volverían a plantear el debate sobre un tipo de Estado plurinacional, conocedor extraordinario y narrador de la vida y la lógica social del mundo indígena de tierras altas y de tierras bajas, Blas Valera, horrorizado por la destrucción social que estaba ocasionando el sistema colonial propondrá un buen gobierno, con epicentro en la provincia de Moxos de tipo diárquico, es decir, con dos cetros, el rey y el inca, como autoridades mayores; abajo, cuatro grandes parcialidades de autoridades indígenas, el respeto a las culturas, la devolución parcial de las tierras a sus legítimos dueños.
A sus ojos, el Paitití dibujado detrás de la cordillera, como se ve en las figuras, será el lugar donde se interpelará al orden colonial, citó al jesuita: “dominador, aquí está el oro que no robaste, aquí está la libertad que no nos arrebataste y que confió en ti gente del Tawantinsuyo”. Se trata, ciertamente, de una propuesta de plurinacionalidad diarquía cuya implementación hubiera dado un giro radical a la historia del continente mediante un equilibrio de poder y de mando entre pueblos invadidos y pueblo invasor.
Ciento cincuenta años después, la reorganización de la vida en común, entre pueblos indígenas y migrantes europeos, será nuevamente plateada al calor de la gran oleada de sublevaciones de 1770 a 1783 de amarus y de katarís.
En Caquiaviri, altiplano paceño, insurreccionadas las comunidades y tomada la población donde se habían refugiado los hacendados y autoridades españolas, los ayllus convocaran a los vecinos a “vestirse a las usanzas de los indígenas, con monteras, mantas y a las mujeres de aqsu e inmediatamente formar una machac comunidad”, una comunidad nueva, un nuevo ayllu, pero ahora de blancos.
Se trata del reconocimiento de los españoles y criollos como sujeto colectivo, minoritario, una comunidad, pero en los marcos culturales indígenas y bajo el mando indígena, a lo que podríamos llamar una plurinacionalidad con mando aunque todavía sin hegemonía indígena.
Años después, y en medio de la sublevación liderizada por Túpac Katari, él mandará varias cartas a los criollos y mestizos refugiados en la ciudad de La Paz proponiendo su resguardo y protección, pero a la vez la expulsión de los españoles a su continente.
Nuevamente, bajo mando indígena, se trata de una propuesta de plurinacionalidad que reconoce derechos colectivos de criollos, pero el destierro de los españoles. Frente a la lógica europea de dominio colonial de pueblos diferentes o de su exterminio, los pueblos indios propondrán al mundo otra ruta de coexistencia de pueblos diferentes, la restitución del pueblo indígena, el reconocimiento de derechos colectivos de los no indígenas: ayllu de blancos y el retorno a su continente de los que nacieron en ese otro continente.
El descuartizamiento del cuerpo de Túpac Katari cerró esta forma de democratización del poder y tuvieron que pasar otros 120 años para que nuevamente el debate de la igualdad de derechos de pueblos y de naciones vuelva a surgir, ahora de la mano del los Villkas, de los grandes Villkas.
En 1899, tras la creación de Bolivia y la continuación de la segregación colonial republicana de los pueblos indios, nuevamente, será el movimiento indígena el que abra el horizonte plurinacional. Aprovechando una división de las élites criollas, los aymaras crearán un gobierno indígena en Peñas, Oruro, con su presidente Juan Lero, ejército propio y mando territorial expandido, ante la presencia de criollos no se determinará su expulsión sino su reconocimiento como sujeto colectivo de derechos, pero eso sí, bajo mando indígena.
Al tiempo de decretar que las fincas se convertirían en comunidades y que criollos deberían vestir de aqsu y bayeta en la famosa proclama de Caracollo, Zátare de Villka propondrá que tanto blancos como indígenas son parte de Bolivia, que los indígenas no deberían atacar a los blancos ni a los vecinos, y al igual que los blancos y vecinos deberían respetar a los indígenas porque “son hermanos”, y sigue Willka, “son de la misma sangre y todos son hijos de Bolivia”.
Mientras que para las élites oligárquicas bolivianas de fines del siglo XIX Bolivia era una patria para pocos y en la que los indígenas eran un estorbo, que deberían ser exterminados o extirpados de su salvajismo; para los jefes indígenas, todos, indígenas y no indígenas, son hermanos nacidos bajo el cobijo de una única madre, esa madre es Bolivia.
Se trataba de la instauración de un radical principio de igualdad democrática que demolía los cimientos de un republicanismo colonizado y, por eso, la persecución de Villka, la cárcel y el asesinato de los líderes indígenas fue la respuesta que dieron las oligarquías a esta propuesta de plurinacionalidad.
Ciento diez años después, desde el año 2006, el horizonte plurinacional nuevamente resurgirá ahora de la mano de movimientos sociales, indígenas, originarios, campesinos, obreros, populares vecinales y juveniles, urbano-rurales.
El nuevo horizonte plurinacional del siglo XXI recoge, se alimenta y enriquece la raíz común de las cuatro fases previas de la lucha por la plurinacionalidad, que consiste en la convivencialidad horizontal y democrática de pueblos y naciones que comparten un mismo espacio geográfico e histórico.
El memorial de Charcas, con su defensa del sistema del poder indígena a nivel local, planteó un tipo de plurinacionalidad subordinada. La utopía moxeña, a su vez, con su propuesta de monarquía dual española-inca, planteó una plurinacionalidad diárquica, por su lado, los sublevados de Caquiaviri y Túpac Katari plantearon la constitución de derechos colectivos de las minorías criollas bajo el mando indígena, el llamado ayllu de blancos.
En tanto que Zárate Villka vio la necesidad de una identidad superior, dirigida por los indígenas dentro de la cual los criollos e indígenas compartían en igualdad derechos colectivos y comunes.
El actual Estado Plurinacional boliviano se presenta como la síntesis que culmina esta larga búsqueda de convivencialidad y de igualdad entre pueblos y naciones, el Estado Plurinacional de Bolivia es el reconocimiento de derechos colectivos y de sistemas de gobierno local propio de los pueblos indígenas, las naciones culturales: aymara, quechua, guaraní, moxeño- trinitario, sirionó, uru chipaya y demás junto con la existencia de derechos individuales universales para indígenas y no indígenas al interior de una identidad superior que nos cobija a todos: la nación estatal boliviana.
Identidad nacional primordial, las naciones culturales e identidad superior, la nación estatal marcan el encuentro horizontal de pueblos y naciones indígenas como sujetos colectivos y de ciudadanía histórica y, a la vez, como pertenecientes junto a los no indígenas a una comunidad nacional superior que abarca a todos: nuestra querida Bolivia y complementando esta arquitectura estatal de nuevo cuño, la indemnización del Estado y de la propia sociedad boliviana.
Pero, el Estado Plurinacional no solo restablece un equilibrio y justicia histórica entre pueblos y naciones, sino que, además, traza una construcción comunitaria y democrática del socialismo y es que tanto los pueblos indígenas y el movimiento obrero son portadores de una lógica comunitaria local de producción de la tierra y la riqueza, en tanto son portadores de lógicas comunales de convivencia con la naturaleza de prácticas comunales de la política y de las instituciones políticas. Entonces, la plurinacionalidad permite la articulación de instituciones políticas representativas: el voto; e instituciones comunitarias tanto a nivel local: autonomías indígenas, elección de asambleísta departamentales por usos y costumbres; como a nivel nacional: jurisdicción indígena originaria campesina, combinación del voto individual con la selección comunal y asambleística de candidatos a nivel nacional, gobierno de movimientos sociales, gobernabilidad democrática dual en el parlamento y en las calles.
Esta articulación de sistemas democrático representativos, participativos y sistemas democráticos comunitarios sostenidos por la base material de la nacionalización de los recursos naturales y la ampliación de los bienes comunes de la sociedad, permiten la creciente distribución de la riqueza y la radicalización de la democracia a todos los ámbitos de la vida. Es decir, abren una vía democrática y comunitaria al socialismo.
El Estado Plurinacional es, pues, la invención boliviana, indígena, obrera y popular de una vía democrática, a la vez que comunitaria hacia el horizonte socialista, que, más pronto que tarde, será también el horizonte común que transiten los pueblos del mundo que buscan su liberación.
¡Qué viva Bolivia!
Gracias.