DISCURSO VICEPRESIDENTE ÁLVARO GARCÍA LINERA, 22 DE ENERO DE 2013

Martes 22 de enero de 2013

Existen distintas maneras de comprender los ciclos largos de la vida económica y política de Bolivia, por ejemplo, el concepto del modo de producción permite ver las características de la organización económica vigente durante siglos. Igualmente, el concepto de forma de Estado nos ayuda a entender la composición de determinadas clases sociales y grupos sociales que construyen el poder político y que dan lugar a los distintos estados: colonial, republicano o dictatorial, liberal, neoliberal, entre otros.
Pero, también, es posible distinguir las distintas épocas de la vida social de Bolivia por el modo en que el Estado y la vida económica ocupan el espacio geográfico del país, es decir, por el modo en que se construye la territorialidad del Estado y de la sociedad.
A esta manera en que la geografía es articulada a la vida económica y política de un país vamos a llamarle la topología del Estado, que nos permite ver el modo de cohesión de las clases y de las naciones en la construcción del poder estatal y la amplitud geográfica con la que se irradia el país, el conjunto de derechos y los beneficios colectivos.
Si nos fijamos en las grandes civilizaciones que existieron antes de la invasión europea, la andina y la amazónica vemos que ellos construyeron una territorialidad caracterizada por la ocupación homogénea de la geografía. En el caso del macizo andino cuando uno ve cómo es que los sistemas de cultivo, los andenes, las complejas técnicas de diversificación de semillas, de los largos acueductos, de los depósitos estatales y herramientas se ve esa ocupación homogénea de la geografía.
Estos estaban de manera homogénea generalizada en el Tahuantinsuyo, tanto en Cusco como en Copacabana, en Chayanta como en Tocopaya, se trató, entonces, de una civilización que irradió y universalizó los métodos tecnológicos más eficientes en la mayoría de las markas, de los suyos y de las comunidades, esto en correspondencia con un tipo de Estado Plurinacional antiguo, en la que cada nación, así como preservaba regionalmente su sistema de autoridad dual, estaba articulado al conjunto de derechos y obligaciones del Estado.
Por su parte, la civilización amazónica precolonial, también plurinacional, tuvo una ocupación expansiva de la ciencia y la tecnología productiva sobre la territorialidad de las tierras bajas, los extraordinarios sistemas de las lagunas artificiales y de camellones que permitían regular el efecto de inundaciones y sequías se extendieron desde Guarayos, Moxos, Baures y la región de los yuracarés, hasta el río Beni, en una extensión geográfica similar a la del Kollasuyo Andino.
En ambos casos, para nuestros ancestros, la geografía se presentaba como el lugar de irradiación universalizante de una avanzada organización técnica de la producción y con ello de derechos y obligaciones colectivas. Este modo homogéneo de ocupación estatal comunal del territorio será destruido por la colonización extranjera y sustituido por un modo unicéntrico de ocupación de la geografía que dará lugar a los catastróficos desequilibrios y desigualdades que hemos vivido hasta hace pocos años.
Al convertir el oro y la plata en la riqueza acaparable de manera ilimitada y externalizable, el reclutamiento forzoso y la concentración de la fuerza de trabajo indígena necesaria para esa explotación se coinvertía en el motor de la organización colonial del Estado y de la economía.
Esta lógica colonial llevó a la destrucción de la ruta de evolución de los sistemas científicos de las sociedades indígenas ancestrales, dando lugar a un estancamiento tecnológico empobrecedor de todas las naciones. Pero, además, se impondrá un modo de acumulación colonial de la riqueza por la vía de una economía de enclave minero, hacendal y de sistemática externalización de las ganancias de la riqueza.
La economía dominante se concentrará en dos o tres ciudades mineras más grandes que cualquier ciudad europea, de entonces, pero de allí no saldrá nada hacia las comunidades, al contrario, serán ciudades depredadoras de una riqueza minera que en un 98 % se irá a la metrópoli europea y depredadora de la fuerza de trabajo y de la cultura indígena a la que se le usurpará todo: esfuerzo, tiempo, conocimiento, historia y la vida misma.
De esta manera, el Estado colonial, dirigido por una sociedad extranjera, tendrá en las ciudades mineras, en las ciudades burocráticas y las haciendas los puntos de una geografía de un Estado unicéntrico que funcionará como una especie de agujero negro territorial, absorberá toda la riqueza de las naciones indígenas, y no distribuirá nada, absolutamente nada que no haya sido poseído previamente por los pueblos y las naciones indígenas.
El Estado republicano, hasta el año 2005, en cualquiera de sus formas, demócrata o dictactorial, liberal o nacionalista, no modificará esta topología del poder, ya sea por controlar la producción de la plata, la goma, el estaño o la soya. El Estado republicano ha concentrado el poder político y los recursos económicos en manos de una reducidísima oligarquía minero hacendal, excluyendo de los derechos y beneficios del Estado, de los conocimientos y oportunidades de bienestar a las comunidades indígenas, a los trabajadores asalariados, a los pobladores urbanos, dando lugar a un tipo de Estado aparente de casta y de billetera.
El correlato geográfico de esta estatalidad aparente ha sido la existencia de una territorialidad del Estado bajo la forma de diminutos archipiélagos dispersos, ya sea en temporales campamentos mineros o en unas cuantas ciudades comerciales, la geografía patria se ha presentado como un mar de comunidades y de pueblos, unos abandonados a su suerte, otros, bajo la dominación despótica de poderes fácticos de hacendados o madereros, pero en ambos casos, carentes de ciudadanía, carentes de derechos, carentes de protección y sin ningún tipo de redistribución estatal de la riqueza.
Y, por si fuera poco, al interior de cada ciudad se reproducirá el mismo molde colonial de un puñado de barrios residenciales, enfeudados, alambrados y encerrados provistos de todos los servicios y un mar de barrios populares circundantes, carentes de todo, y en los que los escasos servicios que tiene será porque se los proporcionará el propio vecino, sin recibir nada del gobierno.
Así, cuando hablamos que para las viejas castas dominantes su sentido de patria llega hasta donde alcanza su hacienda o el perímetro de su residencia, estamos hablando de unas oligarquías portadoras de una lógica mezquina y patrimonial de la territorialidad estatal y es por ello que jamás sintieron en dolor ante ninguna pérdida territorial en manos del extranjero, pues su patria era solo su chequera.
El nuevo Estado Plurinacional es el primer esfuerzo, en 500 años, para integrar la totalidad de las clases sociales y la totalidad de los pueblos y naciones indígenas originario campesinas, en la estructura del mando, del poder político, del poder económico y del poder cultural del país.
El Estado Plurinacional es la irradiación de la conducción del Estado hacia todos los confines de la sociedad boliviana para organizar su autogobierno unificado y, es por eso, que la territorialidad estatal, que la topología del poder en el Estado Plurinacional, por primera vez, abarca 1.098.581 kilómetros cuadrados que tiene nuestra patria; por primera vez, no se detiene donde llega el interés de casta, clase ni persona. La territorialidad del Estado Plurinacional es homogénea y resulta de la fusión de las territorialidades de las naciones indígenas, de las comunidades campesinas, de las clases sociales, de las juntas vecinales, de las organizaciones juveniles, de las regiones y de todos.
Los únicos límites de la territorialidad plurinacional son los que hemos fijado con los otros Estados, no puede haber igualdad ni plurinacionalidad en un Estado con huecos, ni con un Estado archipiélago, ni con un Estado unicéntrico. La plurinacionalidad y la igualdad sustancial de todos los bolivianos requieren de un Estado con territorialidad homogénea, es decir, geográficamente, similar en derechos en cualquier lugar de la patria y una territorialidad policéntrica, es decir, con múltiples polos de desarrollo, con múltiples nodos de irradiación de oportunidades, de conocimientos y beneficios capaces de equilibrar el bienestar de una región con respecto a las otras regiones que componen la patria.
Por eso, como Estado Plurinacional nos estamos encargando de nivelar e igualar derechos y servicios en cada barrio, en cada pueblo, en cada comunidad de nuestra geografía patria. Estamos construyendo una territorialidad en la que cada persona, independientemente, de dónde viva, de la ciudad o el campo, tenga acceso a una educación digna, a servicios de electricidad, de agua, de telefonía, de salud; tenga derecho a decidir sobre el uso de los recursos del Estado, a participar políticamente, según sus creencias y su cultura, a contar con acceso a la tecnología apropiada para su bienestar.
En esta ciudadanización de toda la geografía patria se inscribe nuestra obsesión por la integración vía carreteras, vía telecomunicaciones, por servicios y acceso a la tecnología productiva a esto es lo que llamamos una territorialidad homogénea y universalizante de derechos.
En contra posición a la vieja territorialidad unicéntrica de la colonia y de tipo archipiélago de la república neoliberal, el Estado Plurinacional está construyendo una territorialidad policéntrica, en cuanto a la irradiación económica y tecnológica, se trata de una territorialidad policéntrica con la forma geométrica de un octágono con centro gravitante en la que cada uno de sus vértices juega el papel de núcleo irradiante y equilibrante de las fuerzas productivas de la economía y del bienestar regional.
El primer lugar, está el vértice sur con el chaco tarijeño, con la producción e industrialización del gas; está el vértice suroeste con Uyuni, con el litio y con el complejo industrial; está el vértice sureste con el Mutún, el precámbrico y los incipientes procesos de industrialización; está el vértice noreste con San Buenaventura y la actividad agrícola, forestal e hidrocarburífera del norte paceño; está el vértice noreste con la intensa actividad agrícola e industrial cruceña; está el vértice norte con Cachuela Esperanza, el potencial hidroeléctrico y la castaña y está el vértice central del trópico con la industrialización del gas y la articulación entre Amazonía y los valles.
En cada uno de estos vértices, las materias primas junto con la industrialización constituyen el núcleo movilizador de los recursos, tecnología y ganancias que van a permitir un equilibrio entre regiones, una irradiación homogénea de derechos y la creación de otros vértices, de nuevos polos regionales capaces de utilizar las potencialidades económicas que cada región tiene.
Solo mediante la incorporación de cada centímetro cuadrado de la geografía estatal, de cada habitante de la patria al ejercicio pleno de sus derechos, a los beneficios económicos, a la distribución de la riqueza, a la democratización tecnológica, al mando de la riqueza común y a la participación democrática, solo entonces la plurinacionalidad se consolidará y el horizonte de un Estado integral, comunitario y socialista llegará a nuestras puertas.
Ese es nuestro sueño, esa es nuestra lucha, ese es nuestro destino.
Muchas gracias.