DISCURSO DEL VICEPRESIDENTE ÁLVARO GARCÍA LINERA, 22 DE ENERO DE 2019

Martes 22 de enero de 2019

El año 2010 se ha iniciado uno de los hechos más importantes e influyentes de la historia social y familiar de Bolivia, después de siglos en los que la pobreza y la pobreza extrema habían sido absolutamente mayoritarias en la población boliviana, desde el año 2010, la pobreza y la extrema pobreza han pasado a ser minoritarias y cada año que pasa son aún más pequeñas.
Desde el año 2010, al fin hemos dejado de ser un país de ingresos bajos para ser reconocido en el mundo entero como un país de ingresos medios. Dicho de otra manera, la pobreza ya no es la mayoría, ya no es lo que nos identifica en el mundo, los bolivianos con ingresos medios ya se constituyen la mayoría de la población.
Como pueden ver en el gráfico, la línea azul que expresa el porcentaje de personas con ingresos medios y que desde 1950 se movían entre el 20 y el 30 %, en la última década ha dado un salto cualitativo para ubicarse en el 62 %; en tanto que la línea roja, que estaba entre un 60 y 70 %, que representa la pobreza y extrema pobreza de los bolivianos, ha tenido una caída libre hasta llegar el año 2008 al 34 %.
Como en todos los países del mundo aún existe pobreza en Bolivia y existen ingresos medios vulnerables, pero la población boliviana pobre ya no es la mayoría, es una minoría que se achica año con año.
Un país de mayorías con ingresos económicos dignos fue algo que nuestros héroes de la independencia buscaron y ningún esfuerzo, en 185 años, pudo lograrlo y resulta que esta generación de bolivianos y bolivianas lo está haciendo; de once millones de bolivianos que somos, siete millones, el 73 %, tiene ingresos medios.
Es decir, que de cada cien familias bolivianas en oriente, en occidente, en el norte y en el sur, en valles y en el trópico, de cada cien familias 63 tienen ingresos que les permiten solventar una alimentación digna, los servicios básicos, educación, el transporte y, en algunos casos, la vivienda propia.
Este sector mayoritario de la población boliviana no es compacto sino que tiene varios oficios, varios sistemas de propiedad personal, distintas estructuras organizativas e identidades colectivas y, lo más importante, son el resultado del ascenso social de clases populares e indígenas que, de manera meteórica, han mejorado su condición de vida en la última década.
En las zonas rurales, la mayor parte de la población de ingresos medios está conformada por productores campesinos y, luego, en segundo lugar comerciantes y transportistas, todos ellos militan en organizaciones sociales, sindicales y comunales y se agregan a la identidad campesina y/o indígena, esto permite hablar del surgimiento de una clase media campesina que sigue siendo trabajadora de la tierra.
El tercer lugar, en las ciudades, tal como lo muestran los estudios del INE y de la investigadora Verónica Paz, el 70 % de las personas tiene ingresos medios y de esta mayoría de bolivianos un 13 % trabaja en la manufactura, micro, pequeña y mediana empresa; un 11 % de las personas con ingresos medios en las ciudades trabaja en la construcción; un 12 % en los servicios; un 11 % en el transporte; un 30 % en el comercio; un 3 % aún combina la actividad agropecuaria y un 15 % en los servicios sociales, comunales y administración pública.
Cuarto, esto significa que los siete millones de bolivianos que tienen ingresos medios pertenecen a varias clases sociales, como: campesinos, obreros, profesionales y comerciantes; lo que quiere decir que las clases sociales populares se están recomponiendo internamente con un bloque de ingresos medios mayoritario al interior de cada clase social.
Una quinta característica de los bolivianos de ingresos medios es que en la última década han duplicado la parte de sus ingresos que los destinan a la educación y a la comunicación, eso se refleja claramente en el incremento de los trabajadores y trabajadoras con bachillerato completo y en el número de matriculados en las universidades que, en doce años, se ha duplicado de 320 mil jóvenes matriculados en las universidades en 2005 a 625 mil el año 2018.
Sexto, los bolivianos de ingresos medios urbanos poseen distintas formas de organización y de formación de opinión pública, esto es muy importante, a diferencia de lo que sucede en países donde la población de ingresos de medios se desentiende de la vida sindical, o vecinal o de los lazos de parentesco tradicional, en Bolivia, una parte importante de las nuevas clases medias que vienen de sectores populares mantienen sus lealtades a las organizaciones sindicales, vecinales y de parentesco porque es en ellas donde se activa un importante capital social para acceder a puestos laborales, a créditos y negocios.
Otra parte de estas clases medias urbanas combina la organización social con nuevas asociatividades virtuales de las redes sociales, en tanto que un segmento, importante y en aumento, está sufriendo mayores procesos de individualización y milita en lo que denominamos el “sindicato virtual” de las redes sociales: el wasap, Facebook y otros medios de creación de solidaridades, fidelidades y lealtades colectivas. Esto es más pronunciado en jóvenes estudiantes y en profesionales.
Séptimo, las nuevas clases medias de origen popular son más numerosas que las clases medias tradicionales, esto ha desencadenado un doble proceso social, por una parte la democratización social de la riqueza y de las oportunidades especialmente para campesinos, indígenas, obreros y vecinos anteriormente marginados; pero, por otro lado, a la vez, se está dando una devaluación de las jerarquías, privilegios y oportunidades exclusivas que anteriormente monopolizaban las clases medias tradicionales y que ahora tienen que competir, o incluso perder, frente a las nuevas clases medias populares que tienen la misma formación académica, tienen los mismos o mejores ingresos monetarios y pueden obtener puestos y contratos sin tener apellidos notables porque acceden a redes de eficiencia más influyentes, a través del poder político o del sindicato.
Octavo, estas abruptas igualaciones sociales suelen provocar reacciones conservadoras que recurren al racismo, al patriarcalismo señorial o al posfascismo para intentar poner muros de contención a la pérdida de privilegios detentados por parte de las antiguas clases medias; en parte, esto está sucediendo en América Latina, pero la diferencia entre Bolivia y el resto de América Latina es que el flujo de ascenso social de pobre a clase media baja y de clase media baja a clase media estable no se ha detenido y está garantizado por el crecimiento de la economía que en la última década es el triple, 4,5 %, de la tasa de crecimiento demográfica que el 1,5 % anual.
Pero, además, porque también la nueva clase media es ya más numerosa que la clase media tradicional, en definitiva, la sociedad boliviana, la estructura de clases y cada clase social se está transformando profundamente, se trata de un cambio positivo pues se trata del bienestar y mejores oportunidades para millones de personas que hoy son la mayoría de los bolivianos y esto debe continuar hasta reducir a cero la extrema pobreza.
En 12 años, los bolivianos de ingresos medios pasaron de tres millones a siete millones, hasta 2025 debemos llegas a 11 millones de bolivianos con ingresos medios.
En 12 años, los bolivianos con ingreso a la universidad se han duplicado, hasta 2025 debemos volver a duplicar la cantidad de personas que entren a las universidades y obtengan su licenciatura.
Hemos creado millones de empleos y oportunidades, hay que volver a hacerlo poniendo énfasis en la dignidad del empleo de las nuevas generaciones, en el mayor acceso a viviendas propias para las familias; estos logros ya los hemos hecho los bolivianos, sabemos cómo hacerlos, hemos demostrado que conocemos el algoritmo del crecimiento económico y del ascenso social de todos los bolivianos y estoy seguro de que juntos lo volveremos a hacer.
Gracias.