Conversatorio - Espace Niemeyer (Coupole) FRANCIA

Jueves 30 de abril de 2015

Conversatorio en espacios:
Marx y la izquierda europea y la transformación social

Lugar: Espace Niemeyer (Coupole)

Buenas tardes, saludo a mis compatriotas que se dieron cita en este espacio tan lindo, para compartir y dialogar sobre un conjunto de preocupaciones.

También saludo al profesor Razmig Keucheyan, al profesor André Tosel, al secretario general del Partido Comunista francés, Pierre Laurent, por su amabilidad en invitarme a compartir algunas preocupaciones comunes de los revolucionarios y de los comunistas, de quienes planteamos un mundo mejor. Me siento doblemente privilegiado por la presencia de ellos, pero también por el lugar donde estamos, ya que es un edificio diseñado por un viejo comunista, Oscar Niemeyer, el que diseñó toda Brasilia y una de sus herencias es este hermoso edificio y, créanme, no dejo de impresionarme por la arquitectura y el diseño, es un excelente escenario para debatir sobre comunismo, hoy.

Considero que la situación de las izquierdas en Europa es dramática, en menos de 30 años, la izquierda moderada y socialista ha asumido el programa de la derecha neoliberal. La izquierda comunista se ha empequeñecido a espacios reducidos y, en algunos casos, marginales; la izquierda autonomista pugna, entusiasmadamente, en micro espacios de la vida cotidiana, mientras que la derecha agradece el monopolio absoluto de los asuntos del Estado que golpean las condiciones de vida de todo el pueblo europeo. La derecha y los sectores conservadores se han sacado la careta liberal y se enorgullecen de sus rasgos autoritarios, racistas y antidemocráticos.

Hoy, no cabe duda, existe un señorío político intelectual de la derecha en todo el continente. Uno se pregunta, ¿qué ha pasado, cómo es posible que hayamos llegado a esta situación en la que las universidades de economía, de filosofía, de ciencias políticas, los sindicatos, los jóvenes y el sentido común de la época han asumido posiciones tan conservadoras en el continente? ¿Cómo ha sido posible llegar a esta situación, si apenas cuarenta, sesenta o setenta años atrás, socialistas, comunistas y libertarios europeos eran protagonistas, en primera línea, de las experiencias de lucha antifascistas más heroicas, eran protagonista de la construcción del Estado más social, de bienestar, que es un patrimonio del mundo y eran protagonistas de un liderazgo intelectual universalista que alumbraba las esperanzas de la emancipación en el mundo entero?

¿Qué ha pasado, para que todas esas luces, esos aportes, hoy, se hayan extinguido? El neoliberalismo de hoy se ha apoderado del alma de la sociedad europea, es una derrota temporal, tiene que ser así, pero derrota de la propia sociedad autorganizada, es una derrota del movimiento sindical y es una derrota del pensamiento universalista que brilló en estas tierras.

Algunos dirán, lo que pasa es que ha habido algunos cambios técnicos, materiales en la economía que han desorganizado las antiguas formas de lucha y las antiguas propuestas de emancipación. Tal vez, sea cierto. Pero, esto ha sucedido siempre, desde hace más de doscientos años, el capitalismo es un proceso perpetuo de autotransformación material, técnico, organizativo y frente a ello los revolucionarios de hace 150 años, cien, cincuenta años siempre supieron hallar el eslabón más débil de la cadena, como decía Lenin, para enfrentar a la dominación.

Otros dirán que ha habido derrotas electorales y políticas, pero eso tampoco es una novedad. La vida de los revolucionarios y de los comunistas siempre está marcada por las derrotas, pero, justamente, para eso está el revolucionario y comunista, para, permanentemente, aprender y remontar a partir de la derrota, de la condición que deja la derrota y buscar los espacios y buscar los caminos de la emancipación.

Entonces, no es solo una situación de derrotas políticas parciales o de cambios técnicos en la producción que explican la actual situación de desbande y de defensiva estratégica de las fuerzas revolucionarias europeas. Yo creo que hoy se vive aquí una derrota intelectual y moral, es un vaciamiento del horizonte alternativo con lo que la izquierda se define en el mundo y, de ser así, es una derrota aún más terrible, porque es una derrota que perforará el espíritu de las personas.

Quizás el fracaso de la Unión Soviética y la asociación referencial hacia la Unión Soviética, que hacían las izquierdas y con la que planteaban sus horizontes de sociedad, hoy se ha derrumbado y con ello se ha perdido el sentido y dirección de la historia, es decir, se ha perdido la voluntad de futuro. Todos tenemos un sentido de pertenencia, los pobres, obreros, marginales, mujeres y los indígenas, todos fundan un sentido de pertenencia social, pero lo que falta es un sentido de destino, el ¿hacia dónde vamos?, sin un sentido del destino no hay alternativa viable de poder. No olvidemos que la gente, por lo general, no lucha porque es pobre o sufre agresiones, la gente ha de luchar si sabe que existe una opción viable a su sufrimiento, si sabe que hay una opción viable a su pobreza o a la lucha contra la discriminación. Sin una alternativa, la lucha se derrumba; la sola explotación no conduce a la emancipación, la confianza y la esperanza en una alternativa y en un futuro viable hace del subalterno y del explotado un sujeto en lucha y en búsqueda de una emancipación.

Sin un horizonte viable alternativo, las luchas se presentan como una dispersión caótica y fragmentada de esfuerzos desconectados y, no es como dicen los posmodernistas, es una época en la que han desaparecido los metarrelatos, lo que sucede es que el gran metarrelato de la emancipación, en los últimos veinte años, le ha sustituido otro metarrelato: el de la resignación que es un metarrelato vergonzoso, es decir, sin esperanza y sin heroísmo. Todos los seres humanos necesitan de los grandes relatos y estoy seguro que mientras haya humanidad, como seres de creencias, siempre va a haber las grandes esperanzas y los grandes metarrelatos. El discurso de que ya no hay metarrelatos, es un metarrelato que mata la esperanza y anula el heroísmo frente a la vida, esto es lo que tienen que superar las izquierdas. Es tiempo de que dejemos la procesión, el luto de las antiguas derrotas; es tiempo de que dejemos la timidez autoculposa con lo que asumimos muchas veces los errores del pasado, es tiempo de que abandonemos el repliegue autocomplaciente, exclusivamente, de la academia y por la academia.

Hay luchas sociales que se ganaron: el Estado del bienestar, la Revolución del 17, la revolución cultural, la victoria de Vietnam o la Segunda Guerra Mundial. Estas son victorias de todos, incluidos los comunistas, socialistas, libertarios, obreros, campesinos e intelectuales. Llegan a ser un producto colectivo, son bienes colectivos y comunes. Pero, también han habido fracasos, el socialismo real fue uno de ellos, sin embargo, no podemos quedarnos en el estupor frente a la derrota o esconder el significado de ella paralizando el alma, hay que remontar esas luchas, tanto teórica como prácticamente, hay que sacar las lecciones y avanzar, sin complejos.

Necesitamos una izquierda sin complejos frente al porvenir, no porque haya fallado una opción de porvenir se ha anulado el porvenir, las nuevas generaciones no podemos asfixiarnos en los terribles errores de las anteriores generaciones, ni tampoco desentendernos. La nueva generación tiene que asumir, como experiencia, los errores y las debilidades para no volver a repetirlas; pero, a la vez, para nuevamente seguir mirando el horizonte y el porvenir, y es necesario un esfuerzo colectivo para construir estos nuevos horizontes de época, como llamaba el filósofo Sartre, a lo que es el porvenir viable, creíble y movilizable en torno al cual la gente es capaz de unificar sus luchas.

Y la primera tarea común que tenemos las izquierdas, los revolucionarios, los socialistas, los comunistas, los libertarios y los indianistas es salir del neoliberalismo. La primera tarea que tenemos, hoy, es romper la creencia de que el neoliberalismo es un régimen natural, un régimen insuperable, un régimen que no tiene límite y que no tiene opción. Se necesita, pues, una pedagogía y un método que nos permita remontar el abatimiento y la desmoralización histórica de la sociedad contemporánea. Para hacerlo, no existe un molde especifico o una receta única, no hay un decálogo que haya que seguir, imitar o cumplir para lograr la construcción del horizonte creíble.

Este horizonte alternativo de sociedad que llamamos comunismo, obligatoriamente, tendrá que ser plural no homogéneo y geográficamente diferenciado, y temporalmente discontinuo, en esta búsqueda de romper los abatimientos del alma colectiva de una sociedad, permítanme, comentarles lo que ha sucedido en Bolivia, un país pequeño muy débil, sometido a la cadena de dominación imperial, pero donde los últimos años han comenzado a acontecer eventos muy importantes que, es mi deber informarles, en la medida de que eso pueda contribuir y pueda ayudar a escudriñar opciones al interior de la propia Europa.

Bolivia es un país que tiene diez millones de habitantes, queda en el centro de Latinoamérica, un país donde existen más de 36 naciones indígenas centenariamente excluidas de los derechos, marginadas de los centros de decisión, de participación y de oportunidad de la sociedad. Es una sociedad en la que se ha registrado un fuerte movimiento obrero de la Central Obrera Boliviana en torno a los obreros mineros que han protagonizado muchas luchas. Es un país estatalmente muy débil, ha sufrido 150 golpes de Estado en una vida de cerca a 185 años como república, un país marcado por la inestabilidad política, la dominación económica y la fragmentación social.

Y en este país, al igual que en Europa, desde los años 80 tras las dictaduras y un fracaso de gobierno de izquierda donde también participó el partido comunista en la gestión de gobierno, se impuso, copiando lo que sucedía en Chile, un régimen de neoliberalismo total y absoluto. Se privatizaron las empresas públicas, se privatizó la producción de gas, de petróleo, se privatizaron los ferrocarriles, las telecomunicaciones, la energía eléctrica, la distribución del agua, se desreguló la fuerza del trabajo, se desindicalizó a la fuerza laboral, se fragmentó la condición obrera en pequeñas empresas y se quedó sin sindicato, entre jóvenes y mujeres, sin tradición obrera y sin herencia de saberes.

Fue un proceso de neoliberalismo en toda la línea, eso duró entre 1985 y 2005, las antiguas estructuras de movilización se debilitaron, la Central Obrera Boliviana (COB), que era el movimiento obrero organizado por el centro de trabajo se debilitó, las antiguas construcciones obreras de cinco mil, de siete mil obreros, se las fragmentó en pequeñas empresas articuladas en red a un núcleo, los obreros antiguos fueron sustituidos por obreros jóvenes, hombres y mujeres sin experiencia asociativa, eventuales y precarizados.

En las universidades, al igual que en el resto de Europa, se sustituyeron los estudios de economía política, los textos de Marx por los textos de Von Hayek. El marxismo y el Estado eran considerados como un arcaísmo del parque jurásico y se usaba un discurso, un nuevo sentido común de que había que reducir el papel del Estado, que el Estado era burocrático, era ineficiente, que la inversión extranjera era la mejor, que la globalización era la solución a la pobreza; ese fue el nuevo sentido común que se instauró en Bolivia, en universidades, medios de comunicación, en ámbitos sindicales, políticos y políticos parlamentarios, a través de las ONG y de los periódicos.

De hecho, Bolivia fue utilizada como un modelo de ajuste estructural rápido y eficiente, el neoliberalismo permitió superar una inflación anual del 20.000 %, el año 1985 la redujo, de golpe, al 10 %.

Sociedad fragmentada, sentido común que guiaban los comportamientos de la sociedad, conversión del Estado en un acumulador de recursos públicos para entregar al sector privado, todo parecía que estaba planificado para durar mil años, porque esa es la narrativa y ese es el ideario neoliberal, el imperio de mil años. Pero algo sucedió entre el año 2000 y 2005, nunca la teoría nos va a poder decir cuál es esa llama, ese fuego que enciende la pradera, pero está claro que el año 2000, este ideario neoliberal comenzaba a agotarse, la gente ya había esperado 20 años para modernizarse. Nos decían que íbamos a convertirnos en la Suiza de América Latina y queríamos serlo y esperamos diez años y no éramos la Suiza de América Latina y esperamos 15, y no éramos Suiza de América Latina; sí, un espacio de esperanzas insatisfechas que se iba gestando, ahí, como frustración relativa, este es un primer elemento.

Segundo elemento, el gobierno tomó la decisión de privatizar un recurso común no estatal, las fuentes de agua, diferenciando los recursos comunes estatales, los recursos comunes no estatales o recursos comunes comunales. El Estado tomó la decisión de no privatizar los recursos comunes no estatales, las fuentes de agua, la reacción no vino del movimiento obrero débil, fragmentado, muy golpeado en su base de movilización, porque muchos centros productivos habían cerrado, otros se habían dispersado geográficamente y había cambiado la condición etárea y la condición social de los obreros.

Pero, a partir del agua comenzó a gestarse, primero localmente, una movilización regional, en torno a organizaciones territoriales ya no funcionales como es un sindicato, sino territoriales de núcleos de productores ubicados en un área geográfica que se asocian para controlar el uso del agua, a partir de este núcleo se comenzaron a articular otros núcleos dispersos, se articularon sectores obreros, sindicales y no sindicales, también campesinos y productores, como el sindicato de los productores del hoy presidente, antes dirigente, Evo Morales; se articularon jóvenes universitarios, y de colegio en torno a una única demanda: el agua. No era una sumatoria de demandas que unificaba a muchos sectores, era una única demanda en torno a la cual se unificaban, flexiblemente, muchos sectores.

Ahí, tenemos un cambio de la manera de organizarse, anteriormente la forma agregada de la COB era sumar demandas de muchos sectores y armar un pliego petitorio y convocar a la movilización en torno a eso. Aquí se cambió el libreto, era una sola demanda, muy clara y muy específica: defensa del agua, que no se privatice el agua y en torno a la defensa del agua se reúnen estructuras territoriales que convocan a otras estructuras flexibles, también participarán los sindicatos, pero no serán los únicos actores.

Le hemos llamado a esto: la forma multitud, para diferenciarla de la forma del sindicato de movilización. La forma sindicato es la convocatoria a estructuras regulares, funcionales de militancia continua; la forma multitud no, la forma multitud es una articulación circunstancial flexible de sectores unificados en torno a una demanda y a una necesidad. La forma sindicato tiene liderazgo único, la fuerza obrera o la forma sindical más importante; la forma multitud no, la forma multitud es una estructura donde el liderazgo depende de las circunstancias, en un momento, el liderazgo lo asumen los poseedores de sistemas de agua; en otro momento, a la semana siguiente, el liderazgo, por la fuerza de los hechos lo asumen los campesinos; a la semana siguiente, lo asume el grupo de profesionales que entran en debate técnico con los asesores del gobierno; y a la siguiente semana, en el enfrentamiento, el liderazgo lo asumen los productores de hoja de coca.

La forma multitud es una forma flexible de articularse con liderazgo móvil en torno a un objetivo común. Esta fue la novedad de lo que sucedió en Bolivia, inicialmente, la forma sindicato había sido debilitada, pero la forma multitud emergente de los intersticios de la sociedad, es la que permitió surgir, primero, una victoria local y territorial; luego, una victoria regional más grande; y luego, una victoria nacional más grande.

¿Qué quiero decir con esta primera experiencia? Que debemos estar atentos a la diversidad de las formas de organización, aunque lo más probable es que no se repita a futuro, las antiguas formas de movilización o, al menos su dinámica, no es que no va a haber sindicatos, sigue habiendo y seguirá habiendo, pero quizás la forma de unir sindicato obrero con profesores, con estudiantes o con personas que viven en un barrio no sea entorno al sindicato, quizá sea bajo otro tipo de principios organizativos que le permitan dar dinamismo y agilidad, y captar la iniciativa de la gente. Una forma de organización, en el fondo, es un camino de articulación de iniciativas y si un camino ya no permite eso, habrá que buscar otros caminos que permitan despertar la creatividad y la iniciativa de la gente, en otras palabras, la sociedad va a darnos otras formas complementarias de organización y movilización social, y el revolucionario tiene que estar atento a esta emergencia.

Lo segundo que nos pasó es, el salario es un tema que afecta a todos, pero los sectores que se movilizan en torno al salario son los clásicos: el sindicato obrero, los profesores, los médicos y su lucha es necesaria y forma parte de las fuerzas de emancipación, pero también el profesor universitario, el médico, el obrero que, a veces, tiene miedo militar en el sindicato, porque lo pueden despedir de la fábrica, puede movilizarse por otros temas comunes, esos temas comunes los hemos denominado necesidades básicas o necesidades vitales, como agua, servicios básicos, recursos comunes y recursos públicos.

En Bolivia se dio la Guerra del Agua para que no se privatice su suministro, incluso había una empresa francesa a la que también la votamos mediante una movilización. Luego, la misma gente que participó en esta lucha comenzó a movilizarse por un segundo objetivo, conseguir una victoria entorno al agua les hizo tomar fuerza y confianza para lanzarse a una segunda batalla, hasta la Guerra del Agua habían pasado 15 años sin ninguna sola victoria del movimiento popular, 15 años de derrotas totales, pero a partir de una victoria local puntual y específica surgió la esperanza, es decir, era posible ganar; es decir, el neoliberalismo no es invencible, tiene fisuras y eso fue lo que apalancó a que dos años después, se diera la movilización en torno a otro tema, ya no era el agua, era el gas, la recuperación de los recursos naturales para garantizar, la salud, la educación y el bienestar de las familias. Y de un día para el otro, todos éramos ingenieros del gas, la ama de casa, el joven estudiante, el vendedor de la calle, el obrero, todos éramos especialistas del gas. Son momentos particulares de politización de la sociedad, pero que se la va haciendo a partir de temas muy específicos que mueven las expectativas y las esperanzas de victoria de la gente. Se dio una gran movilización y luego se pasará a una Asamblea Constituyente, luego, a un gobierno indígena y así sucesivamente.

Lo novedoso que hemos vivido es que la gente va a tender a movilizarse en torno a lo que siempre le compete: su salario, pero también puede haber otro tipo de necesidades básicas, vitales, que pueden agregar voluntades colectivas, ya sea a nivel territorial o regional, más amplio.

Un tercer elemento que emerge en nuestra experiencia, en cierto modo, Gramsci reflexionó sobre eso, a pesar de que vivió una derrota, es que el neoliberalismo ha caído en Bolivia fruto de grandes movilizaciones sociales, de una insurrección colectiva que acabó con la fuga de un presidente, más de 80 muertos en una masacre terrible en el altiplano boliviano, en la ciudad de El Alto, y 500 heridos de bala.

Entonces, la victoria frente a las fuerzas neoliberales fue un hecho político material de fuerza, un levantamiento y la derrota de las fuerzas represivas; pero, previamente a esa derrota, el neoliberalismo, las fuerzas, las ideas y el imaginario neoliberal sufrió derrotas. Previamente, a esta conflagración social, el neoliberalismo había sido combatido en las universidades, había sido criticado en los periódicos, enfrentado en los debates, en los sindicatos, en las calles y en los barrios frente a otras ideas fuerza, como la nacionalización, la Asamblea Constituyente, un gobierno indígena y distribución de la riqueza. Estas ideas emergieron, cinco u ocho años antes, para enfrentar la privatización, la globalización, la entrega de recursos públicos a extranjeros y, previa a la confrontación social, se dio una confrontación ideológica cultural.

Sin temor a equivocarme, afirmo que previo a la victoria material frente al neoliberalismo, este había sido derrotado intelectual e ideológicamente en los múltiples escenarios del debate público, oficiales, periódicos, la televisión, la academia, la universidad, las asambleas campesinas, las asambleas obreras, las asambleas barriales, es decir, había emergido, previamente, un horizonte alternativo que no solamente estaba dicho en un papel, sino que era expansivo que, poco a poco, se transmitía en el lenguaje del joven estudiante, del periodista, de un artículo de periódico, de la gente de la calle, de la ama de casa o en el lenguaje del vendedor. Eran palabras de ideas fuerza que comenzaron a ser utilizadas como una especie de un nuevo sentido común, es decir, un nuevo horizonte de época.

Este tema de la victoria cultural, previa a la victoria social y política, para mí, es relevante, especialmente, cuando hablo con profesores, estudiantes y académicos. El académico no puede dejar de dar la batalla, su batalla es tan importante como la gran marcha, la batalla en un libro, en una conferencia o en una reunión para desnaturalizar el neoliberalismo, porque la gente cree que es natural y, por lo tanto, imposible de superar, supremo e invencible. La batalla por la desnaturalización del neoliberalismo es una tarea del intelectual orgánico que es el profesor, pero también es alumno, es también el dirigente y el activista, y esa batalla se la tiene que dar, desde una reunión de barrio, de amigos, en el café, en la sala de exposición del profesor, en la academia, en un artículo, en un periódico, en un pequeño panfleto o en una pintura de la calle, se trata de ir creando los mecanismos de un nuevo sentido común.

Una cuarta experiencia vivida en nuestro proceso, es el replanteo de las relaciones partido–sindicato y partido–movimiento social. En la experiencia que traemos de antes, partido es el que dirige y un movimiento social, sindicato o gremio; es el que se moviliza, el partido cumple la función política, y el otro cumple la función social, somos herederos de esa tradición que no estoy tan seguro si es leninista, más se me hace que se trata de una tradición kautskyana, pero ese es otro debate.

¿Qué es lo que ha pasado en Bolivia? Es el movimiento social: la Confederación Sindical de Campesinos, la Central Obrera Boliviana, la Confederación de Trabajadores en el Transporte y las comunidades indígenas las que, de manera orgánica, han definido pasar a la lucha electoral, devenir en la fuerza electoral, convertir su fuerza de masa, su sindicalización, en estructura electoral. El Movimiento al Socialismo, como se llama la organización política que ha llevado al Presidente Evo Morales a las dos victorias, en 2005 con el 54 % y en 2009 con el 63 % del electorado, tiene esta estructura, es el sindicato, es el gremio que deviene en estructura política. No se divide lo político por un lado y lo gremial por otro, evidentemente, con el tiempo, se requiere de un aparato organizativo permanente que atienda los asuntos políticos, pero esto se refrenda, se revalida incluso a nivel organizativo territorial como la predominancia del sindicato por encima de la estructura partidaria.

No siento que sea una experiencia muy nueva, cuando uno revisa la historia del Partido Obrero Socialdemócrata en Alemania, que fue el antecedente al partido comunista de Rosa Luxemburgo, antes de la traición del sector reformista, el Partido Obrero Socialdemócrata alemán que antecedía al partido comunista en parte era esto, una coalición de sindicatos que tenía actividad política. Eso es lo que ha pasado en Bolivia, el sindicato ha hecho política, es la comunidad y las confederaciones campesinas que han hecho actividad electoral, le han puesto un nombre, ha ido a las elecciones, pero han realizado una selección de los candidatos, de los diputados y senadores, que fue de manera territorial en los sindicatos y en los gremios.

Otro aporte que ha surgido de nuestra experiencia es la visibilización de una contradicción creativa, la contradicción entre desarrollo, bienestar, producción para distribuir riqueza y la defensa de la ecología, a la que le llamamos la defensa de la Madre Tierra. Hay que producir para construir hospitales, hay que perforar un pozo para construir una carretera y abrir más escuelas para una población que ha pasado clases en unos cuartos infames de hace más de cien años atrás. Pero abrir un pozo, abrir una mina provoca efectos medioambientales; si no produzco, no hay dinero para la escuela; si no perforo el pozo de gas, no hay dinero para el hospital; pero si perforo el gas afecto a la Madre Tierra.

Entonces, ¿qué hago? Tengo que equilibrar a cada momento, se decide tomando en cuenta los efectos, hubo proyectos que se han detenido por la presión social de las comunidades indígenas que dicen: “prefiero no tener desarrollo, pero que se preserve la Madre Tierra” y en otros momentos dicen: “que alguien perfore el pozo, haz la carretera, construye”, pero mitiga el daño al medio ambiente. Es una problemática nueva, en nuestra experiencia, la problemática de la contradicción insuperable entre preservación del medio ambiente y necesidad de la transformación del medio ambiente para generar riqueza.

Por último, Bolivia, en siete años, ha generado un proceso propio de posneoliberalismo que, seguramente, es muy difícil que otro país pudiera repetirlo porque tiene las particularidades de Bolivia.

Ayer estuve en Praga, me invitaron a una universidad donde se enseña solamente Von Hayek, pero ¿cómo han hecho, los locos de Bolivia, para tener una economía que crece tres veces cada siete años? Es una locura, se supone que los comunistas somos unos ineptos para la economía y resulta que no, y yo explicaba un conjunto de medidas que hemos tomado, que combinan el control de los recursos naturales en áreas estratégicas que generan excedente, presencia de la inversión extranjera controlada, un régimen de tributos muy elevados en favor del Estado, empresas extranjeras que ofertan servicios antes que ser propietarias, retención del excedente económico en el país antes que su exportación, potenciamiento de la actividad económica, transferencia desde el Estado de recursos y tecnología a los sectores más vulnerables, indígenas y campesinos.

El Estado, en algunos momentos, permite la aplicación de las reglas de mercado y, en otros, regula los precios en servicios básicos, salud, agua y transporte; es decir, hace que se priorice el valor de uso por encima del valor de cambio. En otros momentos, es el valor de cambio que se sobrepone al valor del uso, pero se lo controla, es un modelo heterodoxo, no es plena nacionalización, no es privatización; es la coexistencia de empresa privada, de empresa comunitaria, de inversión extranjera en torno a un liderazgo fortalecido del Estado.

El Estado controla hoy ente el 38 y 40 % de la economía de mi país y eso le permite tener una posición privilegiada para regular al resto de los actores, eso nos ha permitido que Bolivia pase de una economía de ocho mil millones de dólares, hace siete años, a una economía de 33 mil millones de dólares. Para Francia no es nada, debe ser la economía de un barrio, pero para Bolivia significa un avance sustancial de sus condiciones de vida.

Quiero cerrar con lo siguiente, ¿qué es posneoliberalismo? Es superar lo que el profesor Harvey llama la acumulación privada por expropiación de lo público, no es aún el comunismo, pero es una economía de transición que por momentos potencia el valor de uso por encima del valor de cambio, potencia la distribución por encima de la acumulación, también acumula y favorece a sectores que acumulen, pero les obliga a que esa acumulación tenga transferencias directas a lo que es público a partir de tasas de impuestos muy elevadas. En Bolivia, por ejemplo, la empresa Total francesa tiene un govermentake del 85 %, es decir, de cada cien euros que saca, por perforar y encontrar gas, 85 euros de la ganancia pasan al Estado y Total se queda con 15 euros, para nosotros es un buen negocio, para ellos no es tan buen negocio, pero igual ganan, entonces se quedan, es decir es una economía de transición que es algo heterodoxa.

¿Cuáles son los objetivos fundamentales? Potenciar lo comunitario, lo tradicional, distribuir la riqueza, superar la extrema pobreza, industrializar el país y, en este modelo, en este proyecto, primario todavía, de superar el neoliberalismo, se han ido creando condiciones, expectativas y fuerza social para poder dar un paso más allá.

Por eso decía al principio, la primera batalla, hoy, es superar el neoliberalismo. Es entorno a las posibilidades de superar el neoliberalismo que van a surgir las fuerzas sociales, las fuerzas intelectuales y las expectativas para que luego, inmediatamente, después o complementariamente podamos estar imaginando una otra sociedad que ya no solamente sea posneoliberal, porque sigue en el marco el régimen capitalista de la producción, sino la posibilidad de pasar a una sociedad poscapitalista; pero esa ya no es una tarea de un país tan pequeño como Bolivia, esa es una tarea planetaria y por eso el llamado urgente que hacía la anterior vez, no se le puede pedir a Bolivia que construya el comunismo mientras el resto no hace nada en su casa. El comunismo o a lo que llamamos comunismo va a ser una tarea de todos o no es comunismo y eso es lucha en cada país, movilización en cada país, acción y compromiso en cada país.

En todo caso, Bolivia ha creado su horizonte de época, ha creado su sentido común movilizador. Hoy, si usted lleva el libro de Von Hayek a Bolivia, le van a decir dinosaurio, porque no tiene sentido hablar de eso, la lógica neoliberal pertenece al parque jurásico, eso ha sido posible por un conjunto de factores extraordinarios que han combinado voluntad de poder, pluralidad de formas de movilización y frustraciones colectivas generadas por el antiguo régimen económico, y que han creado, como una especie de caldo de cultivo, la posibilidad de volver a recuperar la esperanza. Es decir, el neoliberalismo no es ni impune, ni todo poderoso, es posible horadarlo y a partir de su transformación de su superación se abren los caminos de una sociedad poscapitalista.

Muchas gracias.